¿Serán capaz de sobrellevar toda la presión? La vida no es simple y menos cuando hay sangre de por medio.

miércoles, 28 de abril de 2010

Deseo Oculto:






Capítulo 1

Matt…
Un escalofriante asesinato ha ocurrido en mi pueblo, este ha estado tranquilo durante los últimos 15 años, nadie fue hallado muerto, por lo menos ninguno de la forma en la que este último había sido asesinado, mordeduras en los hombros, costado y hasta en el cuello. Todo parecía apuntar a un animal, todos en el pueblo hablaban sobre el lobo asesino, pero yo no creía en un simple lobo, esto para mí tenía algo de misterioso. Como no, todas las noches tenía que aguantar a mi padre hablarme de aquel asesinato, contándome sus teorías. Se me revolvía el estomago solo al escuchar sobre lobos o sobre canibalismo, esa era mi cena diaria.

- ¿No has pensado que este asesinato puede ser menos simple de lo que piensas? – Dije interrumpiendo la fabulosa historia de canibalismo de mi padre.
- ¿A qué te refieres Matt?
- Haber, lo único que digo es que un caníbal no puede ser, ¿Solo eran mordiscos, verdad? Y un lobo… ¿No crees que se hubiera comido al tío ese?
- Lo primero de todo, ese “tío” está muerto y venga, explícame tu teoría. – Me dijo intimidándome, así era mi padre.
- No tengo ninguna teoría, si no que tengo el presentimiento de que no es algo normal… Este asesinato esconde algo.
- La vida está compuesta por acciones totalmente normales, Matt. – Dijo mi padre, pero no pensaba como él, de todos modos no me convenía llevarle la contraria.

No me podía quitar de la cabeza aquellas historias de mi padre, sin fe, simplemente normales, pero yo tenía la esperanza de que fuera algo ilógico, extraño. Podría sonar egoísta, pero mi vida es aburrida y necesito algo que me excite y tenía la sensación que este suceso era la clave.
Con todo esto no me había dado cuenta que las vacaciones de invierno se acababa y tenía que volver a la cruel rutina del día a día. Así que me acomodé el la cama y dejé pasar la noche, soñando con algo que me cambiase la vida.

Al llegar al instituto todo seguía igual, las pijas andaban por el colegio como reinas, los chulos y deportistas que solían ser los mismos dominaban y yo… Era un simple chico de 17 años, aburrido de la vida y a punto de graduarse. Sentado en la silla y apoyado sobre el pupitre esperaba al profesor de filosofía, por si no tenía poco, además de aguantar esta asignatura a primera hora de la mañana, tenía que aguantar a las aburridas teorías de mis compañeros de clase sobre el famoso asesinato del pueblo, nada fuera de lo normal, imaginación nula.
Tocó el timbre y allí estaba mi profesor cuando levanté la mirada, pero también había una chica, estaba sentada justo delante mía, en su silla, perfectamente colocada. Como costumbre en nuestro instituto nadie presenta a los nuevos alumnos, así que cogí papel y lápiz para darle la bienvenida. “Ey! No te he visto entrar, bienvenida, me llamo Matt”, la llamé con un sutil toque en su espalda, la cual estaba totalmente helada, se giró y pude ver sus preciosos ojos verdes, con una piel pálida como la de nadie, no se parecía a ninguna chica a la que conociera, todas lucían un aire a superioridad menos ella, solo parecía querer pasar desapercibida ante todo el mundo, algo que me encantaba. Cogió la carta y se volvió hacia su pupitre sin dirigirme ninguna palabra, simplemente una dulce sonrisa, suficiente. A los pocos segundos se volvió otra vez, antes de que dijera nada observé su cabello negro, era largo y realmente bien peinado.

- Soy muy sigilosa. – Dijo tímidamente. – Eres el único que te has fijado en mí, ¿Por qué?
- Me gusta lo extraño, lo raro, bueno ya sabes de lo que estoy hablando… Me refiero a… - Dije nervioso hasta que ella me paró con una sonrisa.
- Te entiendo. – Dijo riéndose. – Por cierto me llamo Anna.
- Encantado de conocerte Anna. – Dije y en ese momento el profesor nos llamó la atención y los dos nos pusimos bien sentados en la silla.

Pasaron los días y no volví a hablar con ella, hasta que llegó el momento que me conciencié para hacerlo .Tocó el timbre que concluyó la clase, me dirigí hacia ella, estaba guardando rápidamente sus libros. Cuando se levantó se encontró cara a cara conmigo, pude notar como sus verdes ojos brillaron como si de estrellas se trataran, su rostro se palideció aún más. Entonces bajó la mirada, parecía intimidada, pero ¿Por qué? Así que saqué mi lado más directo.

- Nos vemos esta noche en el restaurante del pueblo, te espero a las ocho en punto allí.
- ¿Me estas invitando ha salir?  No creo que pueda.
- Bueno, tómalo como una ayuda, solo quiero enseñarle el pueblo a la recién llegada. – Le comenté irónicamente. - ¿Vas a negar mi ayuda?
- Vale, Lo intentaré. – Me dijo con una sonrisa bastante atrevida. – Tendrás que enfrentarte a mi madre como se enfade. – Me dijo riéndose y golpeándome levemente el brazo. – De todos modos ya se por donde vas. – Fue lo último que salió de sus labios, esos que en un último instante pude ver como se transformaban en un color rojo mucho más intenso de lo normal, era algo raro, quizás de mi imaginación, pero lo que quedó en mi memoria fue su sonrisa cuando se marchó hacia su siguiente clase.

Pasó el día de instituto y por la tarde me esperaba mi padre que continuaba con su obsesión, comentó que las mordeduras eran humanas y que no podía ser un caníbal, por que está demostrado que ese tipo de personas no dejarían un cuerpo así como así. Mientras yo no podía dejar de pensar en lo que iba a ocurrir en una hora, mi padre seguía comiéndome la cabeza con sus tonterías, aunque fuera jefe de policía no tenía a nadie a quien atosigar con sus cosas. De todos modos yo tenía en mente lo que podría haber ocasionado ese asesinato, un vampiro. Pero bueno nunca he conocido a ninguno y esta tarde tenía una cita con la chica que más me ha impactado… Así que estoy tranquilo.

- Voy a salir con una amiga. – Le dije a mi padre justo antes de salir por la puerta, no esperaba respuesta, como siempre, pero esta vez me contestó.
- ¿Desde cuando tienes amigas? – No iba a contestar a esa pregunta, así que me apresuré a cerrar la puerta, pero antes de poder hacerlo, dijo. – Hijo ten cuidado, hay un asesino suelto y no quiero que el próximo cadáver sea el tuyo.

No dije nada, cerré la puerta. Me sentía raro y a la vez feliz porque se preocupara por mi, pero siempre lo hacia a su manera, bruscamente. Me dirigí hacia el restaurante, andaba distraído, con la música al máximo, deambulando por la calle, feliz, en mi mundo. Finalmente llegué… Allí no había nadie, todavía quedaban 5 minutos para las ocho en punto, no tenía razón para desesperarme. Llegó la hora, miré para todos los lados, no estaba, me volví a sentar en el bordillo y de repente su dulce voz sonó en mis oídos. Cuando la vi, me levante enseguida y la fui a saludar con un beso, pero ella se apartó antes de que lo pudiera hacer… ¿Por qué? Simplemente lo dejé pasar.

- Perdón… Simplemente no estoy para besos… Soy rara, ¿Recuerdas? – Dijo mientras jugaba con su pelo.
- Vamos, tengo algo que enseñarte.
- Lo que quieras, recuerda que esta noche soy tuya… Tienes que enseñarme el pueblo. – Dijo riéndose.
- Me alegra oír eso, porque te voy a llevar a unos de los mejores lugares del pueblo, ¿Preparada?
- Siempre.

La llevé por las montañas que rodeaban el pueblo, dirección a la parte más alta de ellas. La visión de todo el pueblo le encantó, pero no le sorprendió, era difícil saber lo que sentía, sabía como ocultarlo.

- ¿Sabes que es imposible descifrar lo que estas pensando?
- Si, es algo que he aprendido con el tiempo, yo se muy bien lo que sientes.
- Realmente me gusta que seas tan silenciosa, que tengas tanto secretismo, que seas tan difícil de abrir. – Le dije fascinado y continué sin dejarle tiempo para que me respondiera. – ¿Si? ¿Y qué siento?
- Tienes ganas de besarme… - Me dijo directamente, me dejó en shock y lo mejor de todo era que tenía razón, deseaba besarla como nada en el mundo.

Así que si ella lo pensaba solo me quedaba una cosa… besarla. Me fui acercando, poco a poco, pero rápido, le cogí su mano, fría como el hielo, me acerqué a ella, sus ojos brillaban, su piel se palideció, sus labios se tornaron rojizos… Algo normal cuando estaba nerviosa… Pero algo cambio en ella, sus colmillos, enormes, afilados… Era un vampiro, mejor dicho una vampiresa. Tenía miedo. Ella se apartó rápidamente, se quedó a unos metros de mí, mirándome nerviosa, su respirar era profundo, ¿Respiran? Estaba aturdido.

- Lo… Lo siento. – Dijo mientras podía observar como las venas de su cuello se notaban como ninguna otra, estaban como quemadas, definitivamente estaba muerta, como cualquier vampiro. Bajé la mirada, me dolía, la única chica que me había llegado a ¿gustar? Es raro que te guste alguien en la primera cita, pero era algo parecido, una atracción fatal, quizás mortal. Cuando levanté de nuevo la mirada, ella no estaba, pasaron segundos y ella había desaparecido. Me sentía cobarde, si realmente me hubiera querido matar, lo hubiera hecho.

Anna…
Me sentía aturdida, realmente terrible, podría haberle perdido… Mi sangre me hervía cuando el estaba cerca, aunque el no lo pudiera notar, me tenía que resistir a su olor, a su cuello y todo no se porque… Estaba de dieta, obligada por mi madre, pero si hubiera querido Matt ahora estaría muerto y con su sabrosa sangre en mi interior. Me senté en lo más alto de la cabaña donde vivíamos mi madre y yo… No podía pensar en el daño que le podía haber causado, le podría haber matado, pero no quería eso, el no es como los demás. Entonces decidí que no le volvería a ver, por lo menos el no me verá a mí, yo no podría dejar de verle, aunque sea observarle en la lejanía.
Entré en mi casa, allí me esperaba mi madre, sexy como siempre, yo nunca llegaré a estar como ella, jamás… Con 38 años, ella era rubia, ojos azules y muy extrovertida, no pasaba desapercibida. Como se nota que no soy de su sangre.

- ¿Dónde has estado? – Me preguntó con tono preocupado.
- He estado dando una vuelta, nada fuera de lo normal.
- Esperaba que me mintieras, sé donde y con quien has estado. – Dijo tranquilamente, pero continuó y esta vez mas preocupada. – Anna, tenemos a los humanos detrás nuestra, investigando y todo gracias a que nos delataste al asesinar a aquel hombre.
- ¡Se me fue de las manos! No le quería hacer daño, pero me obligó a ello.
- No me importa… Pero tengo suficiente y no quiero tener al padre de ese chico detrás de mí, ni detrás de ti, si eso ocurre habrá un río de sangre en este estúpido pueblo. – Dijo, pauso unos segundos y continuó. – Sé que desde la muerte de Muriel lo has pasado realmente mal…
- Por fin he encontrado a otra persona con la que me siento a gusto… Pero bueno he comprendido que no lo puedo tener en mi vida, por las dos, ¿verdad?

Era una difícil decisión, desde la muerte de mi mejor amiga, he vivido sola, 28 años, escondida, atrapada en una pesadilla de soledad, pero estaba claro, yo soy un vampiro y el es un humano.

- Anna, mañana salgo en busca de Nathan… Sé que lo quieres matar, pero lo necesito a mi lado. – Esas palabras fueron como una estaca clavada en mi pecho, iba a ir en busca de su hijo, el asesino de mi mejor amiga. Era la hora de tomar mi propia decisión.
- ¿Cómo te atreves? Si haces eso no pienso olvidar a Matt. No eres de mi sangre… Ni Nathan tampoco. – Con estas palabras le devolví el estacazo, pero ella era más fuerte, con un rápido y sigiloso movimiento me agarró el cuello con sus manos. Me estaba estrangulando.
- Si lo sigues viendo me habrás traicionado, estarás sola. – Me soltó, caí en el suelo, de rodillas. – ¡Vete de mi casa!

Sus colmillos intentaban intimidarme, su sangre hervía, desde el suelo lo podía notar, la iba a traicionar, 80 años después, iba a viajar sola, sin vampiros que me protegieran de nada ni de nadie.
Viaje hacia el bosque, al mismo por donde subimos el y yo… Todavía podía notar su olor, se me ocurrió algo, ir a su casa y ahora que podía seguir su rastro no me costaría mucho. Mientras seguía la pista de Matt mis ansias volvieron, mis colmillos no se ocultaban, sentía como mi mirada cada vez era mas brillante y sobretodo sentía la sangre hervir. Su dulce olor me llevo hasta su casa, por lo menos eso creía, me subí a lo más alto de un árbol, desde allí se podía observar una habitación. En ese momento alguien entró en el cuarto, era guapo, bastante raro, no muy alto, definitivamente era él… Mientras le observaba pude notar mi propia sonrisa, estaba feliz por verle, ¿Estaba realmente sintiendo algo por él? De algo servía ser una vampiresa, podía utilizar mi poder para detectar lo que sentían los demás. Me concentré… En su cabeza pude notar miedo y un sentimiento de arrepentimiento, ¿Por qué? ¿Por conocerme? Ahora tenía miedo. Esperé a que se vistiera y salté dentro de su cuarto, por la ventana, obviamente le asusté, pude notar crecer el ritmo de su respiración, pero al ver que era yo se tranquilizó. ¿Por qué? Unas horas antes había descubierto lo que en realidad era… Un monstruo.

- ¿No tienes miedo? – Le pregunté con una mirada incisiva. 
- En absoluto. – Me dijo convencido, para mí era una alegría, pero no alcanzaba comprender la razón.
- ¿Por qué? – Le pregunté acercándome cada vez más a él.
- Si me quisieras matar, ya lo hubieras hecho. – Me dijo con mucha tranquilidad y dio un paso hacia mí.
- ¿Y si ahora lo quisiera hacer?
- Ya lo hubieras hecho.

No pude aguantar, mis colmillos volvieron a salir a la luz de aquella oscura noche de luna llena, mi labio se tiñó de un rojo fuerte cuando mi sangré comenzó a hervir.
Matt me observó, cara a cara, nervioso, pocos centímetros nos separaban. Intentaba controlarme aquella ansia, dolía, aguantar el deseo de tomar sangre humana puede llegar a matar a un vampiro. Sin apartar su mirada de mí pronunció unas palabras que llegaron a mi corazón, que volví a sentir vivo por unos segundos.

- Tu mirada es lo más maravilloso que jamás halla visto.
- Matt… Estoy muerta, mi corazón no late, esa es la razón, no querrás estar con alguien como yo.
- Debo reconocer que eres algo nuevo en mi vida, pero no por ello lo voy a rechazar. – Dijo y pude observar como sus ojos brillaban, pero a diferencia de los míos, los suyos lo hacían llenos de vida. – De todos modos me refería a tus ojos cuando no brillan… Cuando brillan es algo increíble.
- No sé si podré capaz de controlar mis ansias de sangre humana. – Dije sinceramente y cambiando de tema.

En ese momento Matt se apartó de mí, creí que se había arrepentido de haberme dado la oportunidad. Pero nada de eso, se acercó a su escritorio, de al lado de su portátil cogió una tijera, se la puso en su hombro y se  hizo un profundo corte, su sangre empezó a caer de la herida, mis ansias me estaban quemando, tenía que resistir.

- Ven… Confío en ti. – En ese momento, no aguanté más, me abalancé encima de él de una manera brusca, tirándolo a la cama, estaba justo encima, mis manos tenían resto de su sangre…

Mi labio se empapó de su sangre, no quería utilizar mis colmillos, lo escondía dentro de mi boca, dañándome a mi mismo por la presión que estos me imprimían al notar la sangre de Matt bajar por la garganta. La sangre paró de salir de la herida, me quité de encima de él, pude notar como su respiración se normalizaba. Yo, en cambio, todavía olía a su sangre que estaba impregnada en mi ropa, en mi rostro y en mi piel.

- Yo… - No sabía que decir, resoplé y le solté lo primero que se me vino a la mente. - ¿Estás loco?
- Sabía que podía confiar en ti. – Dijo muy tranquilo y con una gran sonrisa.
- Primera lección, nunca confíes en un vampiro. – Dije seria. – Por cierto… ¿Me podría quedar en tu casa a dormir?
- No lo sé, ¿Puedo confiar en ti?
- Tú sabrás. – Le dije jugando. – Mi madre me ha echado de su casa… Bueno en realidad mi madre murió hace 80 años. – Justo cuando terminé de hablar, levanté la mirada y me encontré su rostro sorprendido.
- No sé que me extraña más, que mi herida se halla cerrado completamente o que tu tengas… - Le corté antes de que acabara la frase.
- 97 años.

Entonces pude escuchar su risa, realmente lo esperaba, se tumbo en la cama. Estábamos a solas en la casa, no podía sentir ningún sentimiento a parte del suyo.

- ¿Puedo ducharme? Tu sangre en mi cuerpo me agobia. Dije acercándose a él.
- Si, claro. Estaba pensando que solo hay una cama. ¿Dónde dormís los vampiros?
- En un ataúd… No, eso solo en las películas o en los libros, no dormimos, no lo necesitamos, simplemente sería quedarme en tu cuarto. Te quedan muchas cosas que aprender de mí. – Dije sonriéndole antes de salir por la puerta.

El agua caía por mi cuerpo, en ese momento recordé el momento en el que maté a aquel hombre, del que todo el mundo habla.

“Eran altas horas de la noche, volvía de cazar, sin mucho éxito, estaba hambrienta. Entonces un borracho se metió por mi camino, intenté pasar sin que se diera cuenta, pero me empezó a tocar como a un cacho de carne, lo aparté de un leve empujón, pero no se daba por vencido, con un ataque a su cuello logré que no me molestara más, pero era sangre lo que había por todas partes, era asquerosa, pero no pude parar de morder hasta que me quedé saciada.”

Volví en si, ya estaba suficientemente limpia de la sangre de Matt, salí del baño, le tenía que contar lo que pasó. Me acerqué al cuarto, sin ropa, solamente asomé mi cabeza.

- Matt, tengo algo que contarte. – Llamé su atención y se quedó impactado al verme sin ropa. Fue algo divertido debo reconocer.
- Estas… Desnuda. – Dijo dificultosamente.
- No me había dado cuenta… - Dije riéndome. – Si pudieras dejarme algo de ropa hasta que se seque la mía.
- Te puedo dejar ropa mía, espero que te sirva. – Dijo apartando la mirada, como si quisiera contener la tentación.
- Claro… Bueno eso no era lo que te tenía que contar, ¿Recuerdas aquel hombre del que todo el mundo habla?
- Como para no saberlo.
- Bueno pues lo maté yo… - Mi confesión provocó que la ropa se le cayera de las manos, estaba en shock. – No quería hacerlo… Confío en ti y por eso te lo cuento, por favor te pido que no le digas a nadie sobre lo que soy o lo que hice.
- Yo… - Intento comenzar a decir algo, pero no pudo continuar. –A ver no te preocupes, no me has hecho daño, te creo cuando dices que no lo querías hacer. – Entonces cogió la ropa del suelo y se acercó a mí, acercó su mano a mi rostro, me acarició con cariño, me miraba fijamente a la cara, no quería ver nada más.

Empecé a ponerme la ropa sin más dilaciones, el se fue a su portátil, lo encendió y actualizó su pagina de Facebook. Mientras, yo me ponía el pantalón corto que el me dio y su camiseta desgastada, pero me sentía realmente bien con su ropa, con su olor. En el momento que tenía todo listo pude notar que otra persona estaba en casa, era su padre, pude notar sus sentimientos, estaba agobiado, estresado y realmente enamorado. La puerta sonó, su padre tocó tres veces, tuve que utilizar mis movimientos mas rápidos para poder salir a tiempo de que su padre no se diera cuenta… Salí por la ventana y allí estaba, bajo la casa de Matt, donde pude oír lo que su padre le dijo, “Tenías razón, la cosa que asesinó a ese hombre fue un vampiro… Te doy mi palabra que cuando lo tenga delante le pienso joder la existencia, te lo prometo hijo.” Su padre era unos de mis peores enemigos en ese momento, pero solo quería proteger a su hijo, al igual que yo le quería proteger… Si le pasaba algo a Matt, si muere al igual que Muriel, me clavaría una estaca en el corazón que diera fin a mi vida.
 



3 comentarios:

Troian Holland dijo...

esta muy bien !! me encanta ! ademas me encanta la pareja de Matt y Anna en TVD asi que... espero que la sigas pronto =)

manu1993 dijo...

Son jeremy y anna en la serie ^^ De todos modos no intento que se parezcan mucho, solo aplico algunas ideas y si debo reconocer que anna en la serie me encanta :D

Troian Holland dijo...

ya lo se XDD
pero me refiero a que Matt y Anna de aquí, me encantan en la serie *-*

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