¿Serán capaz de sobrellevar toda la presión? La vida no es simple y menos cuando hay sangre de por medio.

sábado, 15 de mayo de 2010

Capítulo 4

Antes de la muerte de mi madre, mi vida era como la de cualquier chico de mi edad, con 15 años, tenía mis amigos y sobretodo una mejor amiga, Evanna. Pero después de aquel día, todo cambió.
*Era un día normal de verano, estábamos mi madre y yo en mi casa, viendo una serie de televisión. Escuchamos un ruido, mi madre se alertó y fue a ver que pasaba. Yo ni me inmuté, pensé que era cualquier paranoia suya, pero cuando escuché un fuerte zumbido procedente de otra habitación salí corriendo. Era demasiado tarde, mi madre estaba agonizando y por la ventana el asesino se suicidó.* Recordé tristemente.
Después de ese día no volví a ser el mismo, deje de lado a Evanna, a mis otros amigos y no volví a salir con nadie. Todo cambió hace unas semanas, cuando llegó a mi vida Anna. Pero todo parecía volver a la normalidad, Nathan no ha vuelto a molestarnos, Anna viene a mi casa por las noches y Evanna va a volver al pueblo. Respecto a la idea de mi padre, de mudarnos, se la logré quitar al negarle la palabra durante unos días, fue duro, pero ella merecía la pena.
Anna llevaba varios días sin ir al instituto, no me daba ninguna razón por la que no pudiera ir y después por la tarde tampoco podía salir. ¿Cuál era la razón? El sol no era excusa porque durante un tiempo ella salió cuando la luz solar lucía en el pueblo. Entré en la clase, con la cabeza baja, cascos puestos y la música a tope.

- ¡Solitario! – Dijo alguien golpeándome en el cuello. Me quité rápidamente los cascos y miré para averiguar de quien se trataba. Resultaba que era ella, Evanna. Su larga melena rubia, ojos azules, de baja estatura, era muy guapa. Seguía igual que hace dos años.
- ¡Evanna! – Grité y la abracé. Hacía tanto tiempo que no la veía, no sabía nada de ella, mejor dicho ella no sabía nada de mí.
- ¡No me respondiste a mis email! – Añadió. – Pero lo comprendo, me alegro de verte de nuevo. – Me dijo con una sonrisa.
- ¿Qué has estado haciendo? – Le pregunté interesándome por ella, quería saber si había estado bien, si todavía estaba molesta, si me perdonaba, eran tantas cosas. Ahora mi vida es tan distinta.
- Me fui con mi familia a la ciudad, después de lo que pasó con nosotros, solamente quería desconectar y no pensar sobre ello. – Fue como un jarro de agua fría, me devolvió a la realidad de aquellos días, cuando no le hablaba, cuando no la quería ver, en realidad no quería ver a nadie. Mis últimas palabras hacia ella fueron “No te quiero volver a ver” y no me despedí cuando se marcharon del pueblo.
- Ya sabes que no me fue nada fácil, Evanna. – Le dije con una voz melancólica y luego añadí. – Y realmente lo siento mucho, siento haber sido tan cobarde y haberte perdido, ¿Sabes? Con el tiempo comprendí el gran error que fue perderte como amiga.
- No te culpo de nada. – Me dijo sonriendo. – Simplemente es pasado, Matt.

En ese momento, el timbre sonó y dio comienzo a la clase. Para variar, el asiento de Anna estaba vacío, cada mañana miraba con ilusión para ver si había vuelto al instituto, pero siempre me llevaba la misma desilusión. Evanna se colocó al lado mío y con una sonrisa escuchó como nuestro tutor la presentaba al resto de la clase, todo el mundo la conocía. Sus padres eran personas muy conocidas por el pueblo, eran médicos, los mejores y por esa razón todo el mundo les conocía.

- ¿Ha cambiado mucho tu vida? – Me preguntó mientras el profesor hablaba sobre el filósofo John Locke. – Veo que estas mucho menos perdido.
- Bueno… Si hubieras venido hace unas semanas me habrías visto igual de mal que hace unos años, pero he conocido a alguien.
- ¿Has conocido a alguien? Te refieres a una chica, ¿verdad? – Me preguntó con el rostro desencajado de la sorpresa.
- Si, me refiero a una chica… - Dije bastante incomodo. – Esto es bastante raro, ¿No crees?  - Dije riendo en voz baja para que el profesor no se diera cuenta.
- Podemos ser amigos, que hubiéramos sido algo más no significa que nos tengamos que dejar de hablar por ello. – Me dijo con una sonrisa, pero cambió totalmente su rostro y añadió. – Claro, pero si tú prefieres pasar de mí lo comprendería.
- Me encantaría ser tu amigo, ¿Eso significaría que me invitarías a tus famosas tartas? – Dije recordando aquellos días en los que comíamos dulces en su casa.
- Solo me quieres por eso. – Añadió, poniendo cara de pena y luego me dio un pequeño golpe en el brazo. – Te haré una para ti solo, si me prometes algo.
- Lo que tú quieras. – Le dije con una sonrisa burlona.
- Quiero que me la presente, tiene que ser una chica muy especial para que ya seas el chico al que tanto adoraba. – Tanto que era una chica especial, era una vampiresa.
- Vale y tú preséntame al chico del que estás enamorado. – Le dije fijándome en como le brillaba sus ojos, sabía que tenía un chico en mente.
- Trato hecho. ¿Cenamos los cuatros en mi casa? – Me propuso con una gran sonrisa, tal que me fue imposible rechazar su proposición.

Mi mayor sentimiento en estos momentos era la pereza, cenar con mi novia-vampira, mi exnovia y con su actual novio. Todo parecía tan macabro. Me vestí para la ocasión, dejé el color negro que tanto me caracterizaba y elegí el azul. Mientras me vestía, me mentalizaba que todo iba a salir bien, pero algo me alertó, escuche un ruido por la ventana, miré hacia ella, pero no veía nada, cuando me volví hacia el ropero, estaba ella, Anna con un pantalón entre sus manos.

- Con este vas a estar muy mono. – Añadió burlándose cuando me vio con el polo.
- ¡Déjame! Como a ti no te hace falta nada para destacar en belleza. – Le dije devolviéndole la puya. Ella se río y me abrazó fuertemente, tanto que me costaba respirar.
- Ponte ya los pantalones, ¡anda! – Añadió riéndose. – O quizás, lo que quieres es provocarme.
- No necesito hacer nada para provocarte. – Añadí justo antes de besarla apasionadamente. Su rostro se volvió pálido, no me importaba en absoluto. Nos tumbamos en la cama sin parar de besarnos, cada vez estábamos mas sueltos en estas situaciones, tanto que ella aprovechó que no tenía pantalón para magrear mi culo por primera vez.
- ¡No te aproveches de mí! – Añadí en el momento justo cuando nuestros labios se separaron unos segundos. Su respuesta fue clara… Volvió a besarme, me mordió dulcemente mi labio, sin hacerme daño por supuesto. Sus manos recorrían mi rostro, mi cuello, mi torso… Todo lo imaginable y lo que no se podía imaginar. Ella seguía con los colmillos en pie de guardia, pero eso no era novedad y si era sincero… Me encantaban. En ese momento, alguien abrió la puerta, era mi padre. Anna bajó la mirada, intentando que no se notase su faceta de vampiresa y yo… Pues me ponía colorado ante esa situación.
- ¿Ves esa cosa de madera que se llama puerta? Pues se toca antes de entrar, papa. – Le dije bastante nervioso. Él se limito a poner esa sonrisa que tanto conocía, aquella que ponía cuando mi madre hacia algo y el quería reírse, pero se contenía.
- Abajo está Evanna. – Añadió y luego se marchó del cuarto. Los dos nos echamos a reír.
- ¿Quién es Evanna? – Me preguntó directamente, así era ella y de esta manera me gustaba tanto.
- Te voy ha ser sincero, es mi exnovia. – Le respondí y se hecho a reír de nuevo.
- Nos vamos a divertir mucho. – Dijo con una sonrisa diabólica. Yo no le iba a responder a eso con palabras. Simplemente, me acerqué a ella y la besé. Me puse ese pantalón que me ofreció Anna al llegar a mi cuarto. Ella se limitó a quedarse apoyada sobre la pared observándome. Le encantaba hacerlo, sabía lo nervioso que me ponía. Antes de bajar las escaleras para llegar hasta donde estaba Evanna y su cita, tenía que hacer algo.

- ¿Estás preparada? – Le dije mientras sujetaba un cronómetro que había cogido de mi estantería.
- ¿Qué haces? – Dijo con cara de extrañada. Antes de contestarle, le mostré el cronómetro y le di al botón para que comenzara a contar.
- Quiero saber cuanto podemos aguantar sin besarnos. – Dije y justo al acabar la frase la tenía a pocos centímetros mía.
- Quiero saber si tú eres capaz de resistirte. – Me dijo acercando su rostro al mío. - ¿Sabes qué? No te pienso besar hasta que no pase la cita doble. – Añadió, alejándose de mí y con una sonrisa divertida.
 

Me quedaba una larga noche por delante, cena con personas que no conocía y con la ex de mi chico. Me relajé bajando las escaleras, allí estaban, una chica rubia, un poco más baja que yo y un chico moreno, bastante más alto que Matt. Nos acercamos, la chica abrazó fuertemente a Matt y este le devolvió el abrazo. Sentía un sentimiento raro, nunca lo había sentido y mira que he vivido muchos años. Me acerqué a Matt, le cogí de la mano.

- Es mona. – Le dije al oído. El me agarró por la cintura y puso su labio a pocos centímetros de mi oído.
- No tanto como tú. – Añadió y me hizo sentir más tranquila, más segura de mi misma. Pero las miradas que Evanna le echaba a Matt me agobiaban. Después se dirigió al chico. - ¿Cómo te llamas?
- Mike. – Dijo mientras caminábamos hacia la casa de Evanna.

Matt se acercó a mí, despacio, parecía querer preguntarme algo. Me cogió de la mano, me apartó de los dos y me hizo una pregunta clave.

- ¿Por qué no puedes salir con la luz solar? Me refiero a que antes no podías y ahora si. Se supone que los vampiros no podéis salir con sol nunca. – Me dijo liándose el solo. Tenía un cacao de mente increíble y era totalmente normal.
- No sé si te habrás dado cuenta, pero yo solo he ido al colegio cuando estaba nublado. – Le dije observando su rostro pensativo.
- La verdad que no me había fijado. – Me dijo y luego añadió. – De todos modos estuviste en mi casa algunos días que hacía sol.
- Claro, si la luz no me da directamente no me pasa nada. De todos modos, siempre buscaba un momento en el que el sol se escondiera con las nubes para ir rápido a tu casa. - Los dos volvimos con Evanna y Mike. La verdad es que esta pregunta me la hubiera esperando hace tiempo. Ha tardado mucho en hacérmela. Supongo que tenía tantas cosas en la cabeza que lo más obvio no se le ocurrió.

La noche transcurrió tranquila, Evanna estaba más centrada en Mike, así que yo estaba tranquila. Pero algo en mí me decía que el día estaba yendo demasiado bien. De todos modos por Nathan estaba tranquilo, todavía conservaba la pulsera que me dio. Un ruido me alertó, pero solamente era mi móvil. Cogí la llamada, era Selena, necesitaba verme. Me acerqué a Matt, ya habíamos acabado de comer.

- Una amiga mía necesita verme. – Le dije en voz baja. – Había pensado en presentártela. – Le dije buscando una excusa para no separarme de él. No le podía ver por la mañana, daban sol para toda la semana, así que no quería perder ni un segundo de mi tiempo para verle, para tocarle, para sentirme viva de nuevo.
Matt se acercó a la pareja y les indicó que nos teníamos que ir. Todo lo demás que se dijeron lo ignoraba. Salimos por la puerta de la casa y de fondo, los dos vimos como Evanna y Mike se besaban. Entonces Matt me sonrió y dijo: “Se merece ser feliz*.
Fuimos hacia la casa de Selena, no sabía que era lo que quería, pero me arrepentía de haberme llevado a Matt. Quizás estaba en peligro.
Llegamos al portal de la gran casa, era la primera vez que me fijaba, pero era como un gran palacio. Fachada blanca, muy grande y con decoración antigua y muy llamativa. Antes de llamar, Selena salió a darnos la bienvenida. Esta se sorprendió de verle.

- ¿Es él? – Preguntó Selena con cara extrañada. No respondí con palabras, simplemente entre en su mansión y ella añadió observándolo de arriba abajo. – Es mono.
- Yo creía que preferías a las tías. – Le dije riéndome, pero completamente en serio.
- Eso no quiere decir que no te pueda dar la enhorabuena por el chico. – Añadió ella y miré a Matt que estaba flipando por nuestros comentarios.
- Bueno… ¿Qué eres eso tan importante que no podía esperar? – Le pregunté cambiando de tema.
- Me comentaste sobre una mujer que te acogió… Pues bueno, la tengo. – Dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
- ¡No me jodas! – Dije feliz. - ¿Dónde está? – Le dije ansiosa por tenerla cara a cara.
- Bueno, antes preséntame a tu chico que no sé ni su nombre. –Dijo riéndose. Tenía que aguantar las tonterías de Selena, pero la verdad era que había hecho un gran trabajo. Unas de las mejores vampiresas que jamás hayan existido, a diferencia de mí que era totalmente una inepta.

Le presenté a Matt y nos dirigimos hacia una sala, oscura. Allí estaba ella, Jane, sentada en una silla, completamente ida.

- No os preocupéis, esta rociada de mi sangre, mientras más se me mueva, más le va a quemar toda la piel. – Dijo quitándole importancia a la presencia de una vampiresa que tenía más de 300 años de existencia. – Tendré 150 años menos que ella, pero soy mucho más lista. – Añadió y me di cuenta que no necesitaba que le diera las gracias, tenía el ego por las nubes.
- Serías la pareja perfecta de Nathan, ¿Sabías? – Le dije bromeando. – Los dos os creéis superiores al resto del mundo.
- Que pena que los tíos no me pongan ni un poquito. – Dijo riéndose. – Y por cierto soy superior a vosotros. – Dijo y entonces Jane nos interrumpió con una voz floja y torpe.
- ¡No eres nadie! – En ese momento Selena se acercó rápida y muy sigilosa. La miró fijamente y de un fuerte puñetazo la dejó tirada en el suelo. Gritaba por el dolor que le provocaba tener sangre de vampiro por toda su piel.- Cállate de una vez, zorra. – Añadió Selena después del golpe que la dejó tirada en el suelo, atada a la silla. Matt estaba asustado, ponía notar como se sentía, era lo bueno de ser vampiresa y tener esta habilidad. Me acerqué a él y le dije en voz muy baja.
- Quédate fuera, ¿vale? – Le indiqué y luego añadí. – Esto puede ser muy duro para ti.
- ¿La vais a matar? – Me preguntó con cara de preocupado.

No le pude contestar, no sabía lo que íbamos a hacer, no le quería mentir. Salimos de la sala y le lleve a la sala central. No sabía ni lo que decir, me acerqué a él y lo abracé. Todo se había complicado en tan solo unas semanas.

- Estaré contigo hagas lo que hagas, ¿Lo sabes, verdad? – Me dijo sinceramente, me acarició el pelo, sus manos eran suaves. Las cogí y las coloqué en mi cadera, sujeté su rostro con mis manos y le besé.
- ¿Se puede saber que ves en mí? – Le pregunté cuando nuestros labios se separaron.
- A una gran chica, veo a mi vida. – Me dijo mirándome fijamente a los ojos. Tenía que volver con Selena, ojala me pudiera quedar con él, pero había algo que hacer y secretos que revelar.

Volví con Selena y mi madrastra, tenía una pregunta rondando mi mente, era una corazonada. Me acerqué a Jane que ya estaba bien colocada en la silla, resoplaba de dolor.

- Me dijiste que mis padres y mi hermano murieron en un ataque, durante la guerra en nuestro pueblo. – Comencé a decirle. – En realidad no murieron así, ¿verdad? – Concluí con el rostro serio y mirándola fijamente. La rabia que tenía en mi cuerpo me estaba invitando a  lanzarme a romperle el cuello, pero la necesitaba con vida… Por ahora.

martes, 4 de mayo de 2010

Pequeño cambio en el capítulo 1

Gracias a algunos comentarios que me ayudan a ver si la historia gusta, me he dado cuenta de un fallo y es de la rapidez en la que acontece la relación de Anna Y Matt. No voy a añadir mucho texto, simplemente, una frase. Aquí os dejo el nuevo parrafo con los cambios:




Pasaron los días y no volví a hablar con ella, hasta que llegó el momento que me conciencié para hacerlo .Tocó el timbre que concluyó la clase, me dirigí hacia ella, estaba guardando rápidamente sus libros. Cuando se levantó se encontró cara a cara conmigo, pude notar como sus verdes ojos brillaron como si de estrellas se trataran, su rostro se palideció aún más. Entonces bajó la mirada, parecía intimidada, pero ¿Por qué? Así que saqué mi lado más directo.

lunes, 3 de mayo de 2010

Deseo Oculto:

Capítulo 3

*Necesito sangre*. Pensaba cada segundo que pasaba del día, no es fácil ser alguien que no se es. Los vampiros estamos hechos para beber sangre humana y no hacerlo es la razón de nuestra perdición. Pero lo tenía que hacer por él, no le podía poner más en riesgo de lo que ya estaba y todo el peligro por el que estaba pasando era por mí. El ansia era cada vez más fuerte, no me bastaba cualquier tipo de sangre, no me satisfacían. Cada vez estaba más debilitada y así no podía luchar contra Nathan. Pero había momentos donde esto no me importaba, cuando estaba junto a Matt, no me sentía hambrienta.
Esta misma mañana la policía del gobierno venía a interrogar a los alumnos del instituto, por la muerte de Lacy. No podía ir. Me quedaba una mañana con Selena y su reserva de sangre.

- ¿Dejarás alguna vez de aparentar? – Me dijo mientras tomaba sangre.
- No puedo. – Dije secamente. Cada vez que veía esa copa, obligaba a mi cerebro a recordar a Matt, aunque no hiciera mucha falta, porque siempre le tenía en ella.
- Entonces morirás de desesperación. Eres una vampiresa, no puedes intentar ser quien no eres. – Añadió seriamente y en ese momento me arrepentí de haber aceptado ir a su casa.
- No quiero hacerle daño. No sé como reaccionará mi cuerpo si vuelvo a beber sangre de un humano.
- Es tu naturaleza, no lo podrás rechazar toda tu existencia. – Añadió. - ¿Por qué no lo hablas con él?

No respondí, bajé la mirada. Ella se levantó de la mesa y se dirigió hasta donde estaba sentada, con ella traía la copa que contenía sangre. Mi piel ardía y a la vez se palidecía, mis colmillos estaban esperando tomar de esa copa, pero tenía que resistirme, luchar contra la tentación.

- Toma. – Me dijo colocándome la copa a pocos centímetros de mi rostro… No podía soportarlo y la golpeé de forma violenta. Esta salió volando, golpeando contra la pared, estaba fuera de control.

Me levanté furiosa de la silla, el olor que había por toda la habitación me estaba volviendo loca, los colmillos me rogaban que tomara esa sangre que había derramado por la pared y el suelo, me acerqué lentamente hasta donde estaba todo el líquido, color rojo intenso. Mi cuerpo me pedía que lamiera todo la sangre y eso hice… Comencé lentamente a saborearlo, pero después, todo fue tan rápido. Estaba definitivamente fuera de control, quería más. Todo era por su culpa.

- ¿Por qué me has hecho esto? – Le dije agresivamente, agarrándola del cuello, mostrándole mis colmillos llenos de sangre. No se intentó defender.
- Anna, ¿No te das cuenta? Tú eres así. – Respondió ahogadamente. La solté y entonces ella añadió. – Esto no significa que necesites la sangre de ese chico, tú no le harás daño si no es lo que quieres.
- ¿Entonces como es que no me resistí a beber esa sangre?
- Porque deseabas hacerlo, deseabas alimentarte de la sangre de un humano, todos nosotros lo hacemos, no tienes que pretender ser otra persona para estar con él. – Dijo sinceramente y estaba en lo cierto. – Ahora cuéntame como es él.

No pude contestar a su petición, caí en otra visión, pero esta vez no me desmayé, lo hice despierto. Pude ver a Nathan en mi instituto… Estaba en la entrada, mirando con cara asesina, sediento de sangre. <> Pensé.

- Tengo que irme, te lo presentaré pronto. – Dije y desaparecí antes de que me pudiera decir nada.

¿Qué se suponía que quería provocar? Toda la policía gubernamental estaba investigando una muerte, que escondía a un vampiro asesino. ¿Qué se suponía que tenía que hacer yo? Si me exponía me podrían coger y entonces la vida de Matt estaba totalmente en peligro. Deje todos esos pensamientos atrás y me dirigí hacía el instituto.
Llegue a la puerta principal, podía oler el rastro que dejaba Nathan, ese aroma que tanto encantaban a las demás chicas pero que a mí solo me producían arcadas. Lo seguí, pero no todo iba a ser tan fácil.

- Señorita, no puedes entrar. – Me dijo una enchaquetada agente de policía. Era un poco más alta que yo, pelo corto y rubio.
- Soy alumna. – Le dije rápidamente, no tenía otra opción que identificarme, así que saqué mi autorización de entrada y se la mostré.
- Anna… Pineda, puedes pasar. – Me dijo aquella mujer con su mirada fijada en mí. El primer paso estaba dado, fui rápido hasta llegar a la esquina que cegaba a la oficial de policía, cuando girara a ese pasillo todo dependería de mí, no habría excusas.
En el momento de cruzar la esquina, escuché un leve ruido, sabía que algo grave estaba pasando, lo presentía. Corrí lo más rápido posible, siguiendo el eco de ese sonido que había escuchado. Tarde poco menos de 2 segundos. Allí se encontraban dos policías, tirados sobre el suelo, con la posición de haber sido asesinado con una rotura de cuello. Tenía miedo de ver lo que me podía encontrar al cruzar esa puerta, pero tenía que hacerlo, lo más rápido posible.
Allí los vi, Matt estaba acorralado, solamente una silla lo separaba de Nathan. Intenté hacer el menos ruido posible, me moví rápido y silenciosamente, mi corazón parecía revivir, mis nervios estaban al rojo vivo, la vida de Matt dependía de mi acción. Cuando estuve lo suficientemente cerca, me lancé al cuello de Nathan, le mordí, tragué su asquerosa sangre. El interior de mi cuerpo ardía de dolor al probar esa sangre, era casi un suicidio tomar sangre de otro vampiro, un poco más de la cuenta y en pocos minutos podría morir. Nathan, dolorido por el mordisco que le provoqué, se deshizo de mí con un rápido movimiento de sus brazos, lanzándome contra la pared. El ruido que provoqué al chocarme alertó a los policías que se acercaron rápidamente, pero ya era tarde, Nathan ya se había marchado y yo debía de salir si no quería ser acusada del asesinato, pero tenía poco tiempo, finalmente conseguí salir antes de que ellos entraran. Segundos me separaron de ser atrapada. ¿Quién iba ha resultar más peligroso, Nathan o los policías? Esta era la pregunta que más me rondaba por la cabeza.
Fuera, con la sensación de haberle salvado la vida, estaba más tranquila. No me importaba el sabor que tenía en mi boca por culpa de su sangre, ni el dolor que tenía en mi interior, estaba feliz.
 

Las intensas luces que me apuntaban me estaban dañando más que el propio vampiro con su fallido ataque. Me levanté dificultosamente del suelo donde Nathan me tenía acorralado hasta que Anna me salvó. Todavía podía recordar como este mató a los dos policías que estaban haciendo preguntas sin sentido, realmente fuera de lugar, no tenían ni idea de con quien se estaban enfrentando. ¿Resultado? Fueron machacados, varios segundos fueron suficientes para romperle el cuello a los dos. Dos duros chasquidos que me mostraron la realidad, no se andaba con rodeos. Recuerdo que me hizo un comentario justo antes de que Anna entrara en la habitación y me salvara. “Eres un inocente que morirá por culpa de un amor imposible”. Lo dijo sonriente y con un rostro que derramaba solvencia. ¿A qué se refería con un amor imposible? Quizás vivió algo parecido que no acabó muy bien, el amor te puede volver loco.
- ¿Estás bien, chico? – Me dijo la directora de todo el dispositivo que estaba investigando el asesinato, ahora, los asesinatos. – En estos momentos eres un héroe. – Yo no lo era, me comporté como un chico normal con mucho miedo, Anna era la heroína, pero nadie se podía enterar de ello.
- Si, estoy muy bien. No quiero que esto trascienda, no quiero ser el héroe, nunca. – Dije tajante.
-Todo el mundo lo sabe, has conseguido salvarte del ataque de ese monstruo. – Dije con cara de satisfacción.
- Yo no he conseguido nada. – Dije con violencia, quitándome de mi camino una silla que estaba tirada por los suelos. No quería sentirme como un héroe, no me estaba comportando de esa manera, así que no me lo merezco.

Salí de aquella habitación, unos de los policías me paró, quería hacerme más preguntas, ellos no habían acabado conmigo. Yo lo único que quería era llegar a mi casa y recibir la visita de Anna. ¿Tan difícil era vivir tranquilo? Con ella, si. Tenía que irme acostumbrando a esa sensación de desasosiego. Pero todo merecía la pena al verla y sentirla cerca de mí.

- ¿Crees que quiero que me acribilles a preguntas? Con todo mis respeto pero yo me voy. – Añadí dejando al policía abandonado en medio del largo pasillo.

Llegué a mi casa, allí estaba mi padre, preocupado. Lo sabía todo, pero no le dejaron ir a verme, a salvarme. Estaba preocupado, entres sus manos tenía una taza de té.

- ¡Hijo! ¿Estás bien? – Me dijo cuando entré por la puerta, recibiéndome con un fuerte abrazo.
- Si, se asustó de mí. – Le dije bromeando. Refiriéndome a Nathan.
- No te lo tomes a chiste. – Dije serio.
- En serio, ni siquiera me ha tocado, no le he podido ver bien, porque estaba en el suelo. – Dije sinceramente, pero fui mintiendo al ir avanzando mi frase. Claro que le pude ver. Un vampiro alto, pelo corto, bastante fuerte y sobretodo con un rostro que daba miedo.
- He tomado una decisión a partir de esto, Matt, nos mudamos. – Dijo serio, mirándome fijamente. – Sé que por fin as encontrado a alguien con quien compartir tu tiempo, pero es por tu bien.
- No es por mi bien, es por el tuyo. Te han quitado esta investigación y ahora quieres irte. – Añadí mosqueado y siendo bastante egoísta.
- Matt… Sabes que eso no es así. – Me dijo pero no le dejé continuar. Me levanté y me fui corriendo a mi cuarto, cerré de un portazo y me tumbe en la cama.

Todo lo que quería hacer mi padre era por mí, pero yo no quería. Ella es mi vida y por nada la voy a dejar. Estaba siendo injusto con él, pero era mi decisión y nada podrá cambiarla. Escuché un ruido y miré a todos los lados de la habitación, me asusté, pero era ella, allí estaba, justo al lado mía, tumbada en la cama.

- Gracias por salvarme esta mañana. – Le dije sinceramente, tenía tanto en mente, pero solo se me ocurría decirle eso.
- ¿De verdad me lo tienes que decir? Sabes que lo haría cuantas veces hiciera falta. – Me dijo guiñándome un ojo y se levantó de la cama, pero yo no se lo permití.
- Espera, tengo que contarte algo importante. – Dije, la puse en tensión y luego añadí. – Mi padre quiere irse del pueblo después de lo que ha pasado.

No me respondió, simplemente se limitó a agarrarme mis manos con fuerzas, se acercó a mi rostro para susurrarme algo en el oído. “Quiero vivir el presente contigo”. Nuestros labios estaban a centímetros, se rozaban, jugábamos, hasta que se unieron como si de uno solo se tratase, su labio era suave, por momentos se transformaban en rugosos, pero solo cuando estaba hambrienta, con ganas de sangre, se acababa controlando y volvía su labio dulce. No me importaba lo pálida que estuviera, ni siquiera que su piel se agrietara como si de un muerto se tratara, solo quería sentirme cerca de ella.
Por un momento olvidé todo lo que estaba ocurriendo a mi alrededor, solo podía pensar en la chica a la que estaba besando, a esa que sentía tan cerca mía, con la que estaba conectado. Mientras seguíamos besándonos, me coloqué encima suya, besándola cada vez con más intensidad. En ese momento su rostro se transformó en el de vampiresa, me besaba con mucha intensidad, sus manos recorrían todo mi cuerpo, desde mi cuello hasta sitios imaginables. Sus caricias eran dulces pero en ocasiones llegaban a ser violentas, norma, era una vampiresa. En un último acto impulsivo, paró de besarme.

- No pares. – Le dije besándola fugazmente. Mi labio atrapó el suyo por unos segundos.
- No quiero lastimarte. – Añadió apartándose centímetro a centímetro de mí. No me gustaba la sensación de sentirla alejarse.
- Me lastimas con cada segundo que no estas besándome. – Le dije acercándola poco a poco, sujetándola por la cadera. – Eres mi obsesión, ¿sabes?
- Tú eres mi debilidad. – Añadió a mis palabras, volviéndome a besar, con intensidad, con pasión. Podía notar sus colmillos cuando nos besábamos, no parecían peligrosos, dóciles. Ella los podía controlar, era maravilloso.
 

Su labio no dejaba de besarme y el mío hacia lo propio, todo estaba siendo lo mejor que jamás había vivido junto a nadie, pero no podía dar el siguiente paso, porque no se hasta donde puede llegar la situación. El acto sexual de un vampiro no es como el de los humanos. Nunca lo he consumido, pero sé como es y por ahora, no entra en mis planes.
Matt dejó de besarme, bajando su labio por mi cuello, mordiéndolo en algunos momentos, haciéndome sentir privilegiada otra vez, mostrándome que era lo que se sentía cuando esa parte de mi cuerpo era mordida. La situación no podía ser más excitante, pero tenía que parar, si no podría ser empeorar y todo esto dejaría de ser tan mágico.

- Matt, ¡para! – Le dije susurrando y de forma dulce. – Esto va demasiado rápido.
- Eres una vampiresa… ¿De verdad va demasiado rápido para ti? – Me dijo con una voz burlona, su rostro de intentó acercar aún más a mí, pero yo me aparté un poco más.
- Es demasiado rápido para ti. – Añadí. – El sexo de los vampiros no se limita a lo que podéis hacer vosotros. Es mucho mas violento.
- Si no quieres nada conmigo, simplemente dímelo. – Dijo resentido y no pensaba responderle a eso, me limite a besarlo una vez más y mucho más intensamente.
- Todo a su debido tiempo, Matt. – Le dije al acabar el intenso beso. Los dos nos quedamos recostados sobre la cama, observé su rostro, no era lo más bello del mundo, pero para mí era el mejor. Me miró, nuestras miradas se cruzaron y su mano sujetó la mía. Quería ser parte de su vida para siempre. 

sábado, 1 de mayo de 2010

Deseo Oculto

Capítulo 2

Estaba hambrienta, el cuerpo me pedía sangre. Pero allí estaba junto al cuerpo dormido de Matt, tenía que hacer algo. Así que decidí dejar la habitación donde dormía él y me fui de caza, de animales por supuesto. Si encontraba algún animal para echarme a la boca estaría de suerte, pero todo es más fácil cuando tienes la habilidad de correr súper rápido. Mientras corría por los rincones de aquella montaña buscando algo que hincarles mis colmillos sentía que algo me estaba siguiendo, y ese algo tendría que ser realmente rápido para hacerlo. Intentaba no prestarle atención a esa impresión que me daba el bosque, ¿Por qué si no eran mis imaginaciones quién me estaría siguiendo? Estaba detrás de un inmenso jabalí, todo era muy raro, ¿jabalíes por esta zona? Nunca lo había visto. Me impulsé y le hinqué los colmillos con todas mis ganas, por fin sentía saciadas mis ansias. Pero no todo era mi imaginación, alguien me había seguido.

- Veo que has aprendido a cazar. – Dijo una voz seductora que no podía ser otra que la del estúpido Nathan.
- ¿Qué haces tú por aquí?
- Divertirme, todavía me queda algo que hacer por aquí. – Dijo con su siempre arrogante sonrisa.
- Ilústrame. – Le dije despectivamente.
- Pienso joderte la vida, bueno la muerte… - Rió y continuó hablando. – Quiero verte sufrir, minuto a minuto, gota por gota de aquellas personas a las que quieres. Pienso matarlas a todas y luego cuando me supliques que te mate, lo haré, lentamente, para que sientas el dolor en tu piel.
- Eres patético… - Le dije con todo el asco que tenía guardado expresamente para él.
- Recuerdo alguien más patético… Hace muchos años desde que la maté, recuerdo como me suplicaba, ¡ya! Muriel, ¿Así se llamaba? – Me dijo con una sonrisa en sus labios.
-¡Maldito hijo de puta…! – Me moví rápido para pegarle un puñetazo que lo lanzo a varios metros de distancia, chocando finalmente con un árbol. Mis ojos derramaban lágrimas al recordar la muerte de mi amiga, estaba presente cuando todo ocurrió. Todo pensamiento de diluyó cuando Nathan se levantó y se lanzó contra mí. Me devolvió el puñetazo, pero no se quedó en eso, con una patada me arrodilló delante de él, indefensa a pesar de ser un vampiro, no me podía defender, el es mucho más poderoso y sobretodo estaba mucho mejor alimentado que yo. Me miraba fijamente, arrodillada desde la superficie, no podía hacer otra cosa más que mirar hacía aquel húmedo suelo.

- Ilusa, ¿Te crees que puedes conmigo? – Preguntó irónicamente. – Te mataría aquí mismo, pero eso no me divertiría tanto como matarte poco a poco. – Continuó tocándome el pelo, sucio por la sangre que salía de mi cabeza.
- ¡Vete a la mierda! – Tras pronunciar esas palabras me levantó cogida por el cuello, quedé cara a cara con él. Simplemente intentaba picarle, quería que me matara, sabía que si no lo hacia, iba a ir a por Matt y eso no me lo perdonaría en mi vida. No decía ni una palabra, se limitaba a tenerme en la altura. Me di cuenta que no había cambiado ni un poquito desde la última vez que lo vi. Pelo corto, moreno y sumamente poderoso. Me intentó intimidar con sus grandes colmillos, eran más grandes que los míos, pero contra mí no lo podía utilizar, los vampiros odiamos las sangres de nuestra especie. De repente, me soltó sobre la hierba, me miró intimidándome, me tiró algo al cuerpo, era una pulsera, no dijo nada, simplemente me la dio y después de eso… Desapareció. No sabía que significaba, pero algo tenía claro, todo ocurre por una razón y Nathan no me lo habría dado en vano, simplemente tenía que dejar pasar el tiempo. Ahora tenía algo que hacer.
Me dirigí a casa de Matt, era de madrugada, lo tenía que despertar, tenía que ayudarle. Si no lo hacía, moriría en poco tiempo y eso no lo puedo permitir.

- Matt, despierta, ¡Matt! – Dije susurrando, se levantó a los pocos segundos desconcertado. – Tengo que hablar contigo. – Me apresuré a decirle.
- ¿Y no te podías haber esperado 3 horas? Me muero de sueño…
- Te vas a morir si no me prestas atención. – Le dije mostrándome seria.
- ¿De qué estás hablando? – Dijo con la voz menos dormida.
- No podemos seguir viéndonos, lo siento… Si seguimos en contacto morirás, por esta razón tienes que desaparecer, lo antes posible. – El reflejo de su cara lo decía todo, no entendía nada.
- Vale, cálmate, empecemos por el principio… ¿Quién nos quiere matar?
- Su nombre es Nathan, me odia, quiere hacerme sufrir, ha vuelto para matarme, pero antes matará a todos los que estén cerca de mí. Por eso quiero que te vallas lejos de mí, mientras más, mejor. – Le dije sinceramente.
- Vale, no me voy a ir, pase lo que pase, voy a estar contigo.
- ¿No me entiendes? ¡Quiero que te vayas! – Le grité y al mismo tiempo le decía la mayor mentira que jamás conté en mi vida.
- Me voy contigo o me quedo aquí contigo, ¿Qué prefieres? – Me dijo dejándome arrinconada entre la espalda y la pared, elegir lo que de verdad quería o simplemente elegir por el bien de su seguridad.
- Sabía que no ibas a querer… Bueno seguimos juntos, pero hay algo que debes hacer. Cógelo. – Le indiqué, entregándole un frasco con mi propia sangre.
- ¿Qué es? – Me preguntó al coger el frasco.
- Bueno, esto contiene mi sangre, tiene muchos años. Quiero que si Nathan te pone en peligro, te la tomes, solo si te tiene acorralado. – Le dije sin mirarle, simplemente observaba el frasco.
- ¿Qué me provocará?
- Asco, si te refieres a los que son como yo, pues hará que no nos podamos acercar a ti, ni tocar, ni dañar, estarás a salvo. Ningún vampiro se acercará a ti en mínimo 2 años. – Dije dolorida.
- Tomáis sangre a diario, ¿Por qué esta sangre? ¿Qué tiene de especial?
- Todos nosotros en el proceso de conversión, al principio, expulsamos sangre por la boca, es la reacción de nuestro cuerpo. Esta es completamente venenosa para nosotros, nos quema tanto por dentro como por fuera. – Dije, me pausé mirándolo fijamente y luego continué. – Estarás a salvo de Nathan.
- Tú tampoco podrás acercarte a mí. – Me dijo sujetándome las manos con ternura y aprecio, realmente no se merecía que todo esto le estuviera pasando.
- Pero tú no morirás, es un precio que debo pagar. – Aparté la mirada de él, no lo podía soportar. Sus manos no me soltaban.
- Moriré si te pierdo. – Esas palabras fueron las más sinceras que jamás halla escuchado.
- Solo te pido que te la tomes, no me lo hagas más difícil. – Le dije soltándome de sus manos.
- Vale, lo haré. – Me mintió, pero ¿Quién era yo para discutirle si era verdad o no?, se estaba jugando la vida por mí.

Matt sujetaba el pequeño frasco, lo hacía con delicadeza. Algo en mi estaba ocurriendo, me empezó a doler la cabeza. De fondo oí algo que me dijo, pero parecía como si sus palabras sonaran desde otra habitación… Estábamos en la misma.

- De todos modos esta es mi última opción. – Dijo y en ese momento mi cuerpo cayó desmayado, pero mi mente estaba despierta, como si de un sueño se tratase.

Un resplandor dio paso a una visión, extraña. En ella aparecía Nathan, delante de una chica rubia, delgada, se trataba de Lacy. Esa chica fue la única que no me dio la espalda cuando llegué. ¿Una coincidencia que estuviera viendo esto o no?
Nathan se acercó a ella, todavía no había mostrado sus colmillos. Ella sonreía, ilusa, no sabía lo que se le iba a venir encima. De repente el cuerpo de Nathan convulsionó, sus colmillos pedían sangre y el cuello de la chica iba a ser todo su alimento, era su primera victima en el pueblo. Sus dientes mordieron la yugular de la chica, la dejó seca en apenas unos segundos. En ese momento Nathan se dirigió a mí, sabía que lo estaba viendo y entonces caí en lo lógico… ¡La pulsera!

- Quería que lo vieras, esta es la primera. Todas las personas que conozcas morirán. Te lo prometo. – Dijo con una sonrisa diabólica y en ese momento volví en sí. 

 

Estaba inconciente, llevaba unos minutos así, no sabía que hacer. Su corazón no latía, me asusté, pero luego pensé lo obvio, esta muerta, no puede latir. Pero volvió, se despertó y volví a la tranquilidad de verla conmigo, pero se la notaba cansada.

- ¿Estás bien? – Me apresuré a preguntarle.
- Si, ha empezado… No hay vuelta atrás. – Me dijo trastabilladamente.
- Calma, descansa… - Le dije acariciándole  el pelo.
- No necesito descansar, soy un vampiro. – Me dijo con el mayor ego del mundo.
- No necesitas dormir, pero descansar si. – Le dije observándola fijamente, convenciéndola con la mirada. – Venga, tendrás tiempo para contarme lo que ha pasado.
- Ha muerto Lacy… - Dijo antes de echarse sobre mi regazo y cerrar sus ojos.

No dije nada, me quedé en silencio, quería que descansara. Lacy, esa chica fue con la única que vi hablar a Anna. No podía dormir, me quedé echado, sin despertarla, pasaron las horas y alguien llamó a mi cuarto, era mi padre que entró en ella.

- Hijo, tengo algo que contarte. – Dijo y su cara de tristeza que traía se cambió por la de perplejidad. No sabía cual era peor. Anna estaba sobre mi cuerpo, todo parecía lo que no era. – Vale… No quiero despertarla. ¿Podemos hablar fuera?

No le contesté. Intenté dejar a Anna sobre la cama, sin despertarla, con el máximo cuidado posible. Finalmente salí por la puerta echando un último vistazo para comprobar que no se había despertado. Mi padre se sentó en el sofá y me invitó a que hiciera lo mismo. La verdad que no me podía imaginar a mi padre dándome la charla sobre sexo.

- Matt ha ocurrido algo. – Dijo y me alivié al saber que no tenía que ver conmigo. – Ha habido otro asesinato esta noche, hace unas 3 horas, una chica ha muerto. Estaba en tu instituto, se llamaba… Lacy...
- Lacy Albert. – Le dije contundentemente.
- Ha muerto por una herida que le ha provocado perder toda la sangre de su cuerpo, absolutamente vacía por dentro. – Me dijo con una mirada que transmitía miedo. – Nos estamos enfrentando a algo monstruoso, ya van dos muertes. – En verdad solo era una, esta vez Anna tiene una cuartada perfecta.
- ¿Qué vais ha hacer?
- El gobierno se va a encargar de esto. – Dijo levantándose del asiento y dirigiéndose a un armario que nunca antes había visto abierto. De ella sacó una pistola, se acercó a mí y me la entregó. – Quiero que la utilices si ese monstruo intenta hacerte algo.
- Nunca he utilizado una.
- Solo presiona el gatillo, es simple. – Me dijo y continuó hablándome mientras observaba su propia pistola que sostenía sobre sus manos. – Unos agentes del gobierno van a poner el pueblo pata arriba para encontrar al… vampiro.

No pude decir nada, cada vez estaba todo más complicado. Anna se tenía que enfrentar a su hermanastro loco y ahora también a unos agentes que no dudaran en clavarle una estaca. No tenía nada más que hablar con mi padre, así que comencé a subir las escaleras, pero me dijo algo antes de que acabara de subirlas.

- Parece buena chica. – Me dijo con una sonrisa, desde que mi madre murió hace 2 años, nunca había tenido una chica tan especial como Anna y nunca había sido feliz, mi padre realmente se alegraba por mí. – No le hagas daño. – Me dijo sinceramente, lo que no sabía es que era ella quien me podía dañar, no yo.

Llegué a mi habitación, entré y me coloqué al lado suya, no podía dejar de pensar en todo lo que se nos estaba echando encima. Pero nada de lo que me estaba pasando evitaba que quisiera estar cerca suya, que quisiera compartir mi vida con ella y quien sabe si algún día…

- Matt… Tengo que contarte que pasó en el bosque. – Me dijo cortándome todos los pensamientos que circulaban por mi mente. – Nathan me atacó, me machacó. Yo no tengo posibilidades en una lucha contra él.
- Recuerda algo, ahora somos un equipo. – Añadí sinceramente, pero me contestó con algo más sincero todavía.
- Si, un humano y una vampiresa torpe con una fuerza cien veces inferior a la suya. – Sus palabras fueron un jarro de agua fría para mis ilusiones de poder ganarle la partida.
- Vale, entonces ¿Nos rendimos? ¿Dejamos que nos mate? ¿Así de fácil? – La atosigué a preguntas, necesitaba picarla, que despertara de esa pesadilla de pesimismo.
- Es muy poderoso. – Concluyó, pero no me iba a dar por vencido.
- No lo es todo… El tendrá muchos poderes, pero nosotros tenemos esperanza y nos tenemos los dos, él no tiene a nadie. – Mis palabras sonaron positivas. ¿Desde cuando era positivo?

Calló, no dijo más nada… Me cogió de la mano y pronunció unas palabras que me dejaron mas helado que su propia piel.

- Soy muy privilegiada por haberte encontrado. Como te pase algo por mi culpa…
- ¿Y yo no soy privilegiado? He encontrado la razón por la que vivir. – Dije acercándome a su rostro. – Todo va a salir bien, ¿vale? – Le susurré al oído. Siempre es bueno decir que “todo va a salir bien”. Aunque eso significara luchar por conseguir una misión imposible.

La abracé con fuerza, todo lo que quería sentir era esa conexión que tanto deseaba tener junto a ella. Ese sentimiento que cada vez era más fuerte en mi corazón y ¿Por qué no? En el suyo también. Yo no pienso que el corazón de los vampiros esté muerto.

- Realmente, creo que estás controlando la situación. – Le dije cuando nuestro abrazo concluyó y pude ver su rostro.
- ¿A qué te refieres?
- Ya no te pones ansiosa… Los colmillos lo tienes a buen recaudo. – Le dije bromeando aunque todo fuera una realidad. – Y debo reconocer que me gustaba ese rostro tuyo. – Me atreví a decirle.

En ese momento soltó una sonrisa y pude ver como su rostro cambiaba totalmente, sus verdes ojos brillaban, su palidez se acrecentaba de una manera increíble, las marcas de sus venas sin sangre en el cuello y por supuesto aquellos colmillos maravillosos que tanto peligro conllevaban pero que tanto me gustaban. Me acerqué más, mi cuello estaba a centímetros de su mandíbula, se resistía, me alegraba de ello, pero había algo en mí que quería que me mordiera, que tomara de mi sangre, en definitiva que me llevara con ella… A su mundo.
Se relajó, bajó la mirada y cuando la volvió a subir, hasta coincidir con la mía, aquel rostro ansioso de sangre había desaparecido.

- Lo controlo realmente bien contigo. – Me dijo con una feliz voz. – Aunque eso no quiere decir que no sea una vampiresa. – Dijo y de un salto salió por la ventana. De vuelta a su mundo del que algún día me gustaría formar parte.

Cuando ella no estaba, notaba como algo me faltaba, ese aire en mis pulmones, ese dolor en mi estomago, los latidos de mi corazón eran muy lentos cuando ella no estaba cerca y muy rápidos cuando podía observar su bello rostro pálido. Me estaba enamorando de una vampiresa, podía ser el mayor error de mi vida o el mayor acierto de mi historia. ¿Qué podía hacer yo al respecto? Esperar.
 


El sol se estaba escondiendo para darle a la luna la oportunidad de aparecer, todo seguía el curso del destino. Esperando en lo alto de una roca que daba paso a un gran acantilado, esperaba una visita. Las olas impactaban violentamente contra el acantilado, no sentía miedo, añoro ese sentimiento, apenas recuerdo como es sentirlo.
Ahí llegó, mi gran ayuda, se creía Nathan que me iba a quedar con los brazos cruzados hasta que me matase o peor que lo matase a él.

- Hola, Selena. – Le dije a una chica con un largo pelo castaño, aparentaba ser una chica popular, pija, simple, pero detrás de esa faceta se encontraba la mayor vampiresa que jamás halla residido sobre la faz de la tierra.
- Encantada de conocerte Anna. Creo que tienes mucho que contarme. – Me dijo con ganas de saber a lo que se enfrentaba, en realidad los dos estaban hechos el uno por el otro. El había movido ficha con la muerte de Lacy, ahora yo he movido mi ficha, *Es tu turno, Nathan*  Pensé.