Antes de la muerte de mi madre, mi vida era como la de cualquier chico de mi edad, con 15 años, tenía mis amigos y sobretodo una mejor amiga, Evanna. Pero después de aquel día, todo cambió.
*Era un día normal de verano, estábamos mi madre y yo en mi casa, viendo una serie de televisión. Escuchamos un ruido, mi madre se alertó y fue a ver que pasaba. Yo ni me inmuté, pensé que era cualquier paranoia suya, pero cuando escuché un fuerte zumbido procedente de otra habitación salí corriendo. Era demasiado tarde, mi madre estaba agonizando y por la ventana el asesino se suicidó.* Recordé tristemente.
Después de ese día no volví a ser el mismo, deje de lado a Evanna, a mis otros amigos y no volví a salir con nadie. Todo cambió hace unas semanas, cuando llegó a mi vida Anna. Pero todo parecía volver a la normalidad, Nathan no ha vuelto a molestarnos, Anna viene a mi casa por las noches y Evanna va a volver al pueblo. Respecto a la idea de mi padre, de mudarnos, se la logré quitar al negarle la palabra durante unos días, fue duro, pero ella merecía la pena.
Anna llevaba varios días sin ir al instituto, no me daba ninguna razón por la que no pudiera ir y después por la tarde tampoco podía salir. ¿Cuál era la razón? El sol no era excusa porque durante un tiempo ella salió cuando la luz solar lucía en el pueblo. Entré en la clase, con la cabeza baja, cascos puestos y la música a tope.
- ¡Solitario! – Dijo alguien golpeándome en el cuello. Me quité rápidamente los cascos y miré para averiguar de quien se trataba. Resultaba que era ella, Evanna. Su larga melena rubia, ojos azules, de baja estatura, era muy guapa. Seguía igual que hace dos años.
- ¡Evanna! – Grité y la abracé. Hacía tanto tiempo que no la veía, no sabía nada de ella, mejor dicho ella no sabía nada de mí.
- ¡No me respondiste a mis email! – Añadió. – Pero lo comprendo, me alegro de verte de nuevo. – Me dijo con una sonrisa.
- ¿Qué has estado haciendo? – Le pregunté interesándome por ella, quería saber si había estado bien, si todavía estaba molesta, si me perdonaba, eran tantas cosas. Ahora mi vida es tan distinta.
- Me fui con mi familia a la ciudad, después de lo que pasó con nosotros, solamente quería desconectar y no pensar sobre ello. – Fue como un jarro de agua fría, me devolvió a la realidad de aquellos días, cuando no le hablaba, cuando no la quería ver, en realidad no quería ver a nadie. Mis últimas palabras hacia ella fueron “No te quiero volver a ver” y no me despedí cuando se marcharon del pueblo.
- Ya sabes que no me fue nada fácil, Evanna. – Le dije con una voz melancólica y luego añadí. – Y realmente lo siento mucho, siento haber sido tan cobarde y haberte perdido, ¿Sabes? Con el tiempo comprendí el gran error que fue perderte como amiga.
- No te culpo de nada. – Me dijo sonriendo. – Simplemente es pasado, Matt.
En ese momento, el timbre sonó y dio comienzo a la clase. Para variar, el asiento de Anna estaba vacío, cada mañana miraba con ilusión para ver si había vuelto al instituto, pero siempre me llevaba la misma desilusión. Evanna se colocó al lado mío y con una sonrisa escuchó como nuestro tutor la presentaba al resto de la clase, todo el mundo la conocía. Sus padres eran personas muy conocidas por el pueblo, eran médicos, los mejores y por esa razón todo el mundo les conocía.
- ¿Ha cambiado mucho tu vida? – Me preguntó mientras el profesor hablaba sobre el filósofo John Locke. – Veo que estas mucho menos perdido.
- Bueno… Si hubieras venido hace unas semanas me habrías visto igual de mal que hace unos años, pero he conocido a alguien.
- ¿Has conocido a alguien? Te refieres a una chica, ¿verdad? – Me preguntó con el rostro desencajado de la sorpresa.
- Si, me refiero a una chica… - Dije bastante incomodo. – Esto es bastante raro, ¿No crees? - Dije riendo en voz baja para que el profesor no se diera cuenta.
- Podemos ser amigos, que hubiéramos sido algo más no significa que nos tengamos que dejar de hablar por ello. – Me dijo con una sonrisa, pero cambió totalmente su rostro y añadió. – Claro, pero si tú prefieres pasar de mí lo comprendería.
- Me encantaría ser tu amigo, ¿Eso significaría que me invitarías a tus famosas tartas? – Dije recordando aquellos días en los que comíamos dulces en su casa.
- Solo me quieres por eso. – Añadió, poniendo cara de pena y luego me dio un pequeño golpe en el brazo. – Te haré una para ti solo, si me prometes algo.
- Lo que tú quieras. – Le dije con una sonrisa burlona.
- Quiero que me la presente, tiene que ser una chica muy especial para que ya seas el chico al que tanto adoraba. – Tanto que era una chica especial, era una vampiresa.
- Vale y tú preséntame al chico del que estás enamorado. – Le dije fijándome en como le brillaba sus ojos, sabía que tenía un chico en mente.
- Trato hecho. ¿Cenamos los cuatros en mi casa? – Me propuso con una gran sonrisa, tal que me fue imposible rechazar su proposición.
Mi mayor sentimiento en estos momentos era la pereza, cenar con mi novia-vampira, mi exnovia y con su actual novio. Todo parecía tan macabro. Me vestí para la ocasión, dejé el color negro que tanto me caracterizaba y elegí el azul. Mientras me vestía, me mentalizaba que todo iba a salir bien, pero algo me alertó, escuche un ruido por la ventana, miré hacia ella, pero no veía nada, cuando me volví hacia el ropero, estaba ella, Anna con un pantalón entre sus manos.
- Con este vas a estar muy mono. – Añadió burlándose cuando me vio con el polo.
- ¡Déjame! Como a ti no te hace falta nada para destacar en belleza. – Le dije devolviéndole la puya. Ella se río y me abrazó fuertemente, tanto que me costaba respirar.
- Ponte ya los pantalones, ¡anda! – Añadió riéndose. – O quizás, lo que quieres es provocarme.
- No necesito hacer nada para provocarte. – Añadí justo antes de besarla apasionadamente. Su rostro se volvió pálido, no me importaba en absoluto. Nos tumbamos en la cama sin parar de besarnos, cada vez estábamos mas sueltos en estas situaciones, tanto que ella aprovechó que no tenía pantalón para magrear mi culo por primera vez.
- ¡No te aproveches de mí! – Añadí en el momento justo cuando nuestros labios se separaron unos segundos. Su respuesta fue clara… Volvió a besarme, me mordió dulcemente mi labio, sin hacerme daño por supuesto. Sus manos recorrían mi rostro, mi cuello, mi torso… Todo lo imaginable y lo que no se podía imaginar. Ella seguía con los colmillos en pie de guardia, pero eso no era novedad y si era sincero… Me encantaban. En ese momento, alguien abrió la puerta, era mi padre. Anna bajó la mirada, intentando que no se notase su faceta de vampiresa y yo… Pues me ponía colorado ante esa situación.
- ¿Ves esa cosa de madera que se llama puerta? Pues se toca antes de entrar, papa. – Le dije bastante nervioso. Él se limito a poner esa sonrisa que tanto conocía, aquella que ponía cuando mi madre hacia algo y el quería reírse, pero se contenía.
- Abajo está Evanna. – Añadió y luego se marchó del cuarto. Los dos nos echamos a reír.
- ¿Quién es Evanna? – Me preguntó directamente, así era ella y de esta manera me gustaba tanto.
- Te voy ha ser sincero, es mi exnovia. – Le respondí y se hecho a reír de nuevo.
- Nos vamos a divertir mucho. – Dijo con una sonrisa diabólica. Yo no le iba a responder a eso con palabras. Simplemente, me acerqué a ella y la besé. Me puse ese pantalón que me ofreció Anna al llegar a mi cuarto. Ella se limitó a quedarse apoyada sobre la pared observándome. Le encantaba hacerlo, sabía lo nervioso que me ponía. Antes de bajar las escaleras para llegar hasta donde estaba Evanna y su cita, tenía que hacer algo.
- ¿Estás preparada? – Le dije mientras sujetaba un cronómetro que había cogido de mi estantería.
- ¿Qué haces? – Dijo con cara de extrañada. Antes de contestarle, le mostré el cronómetro y le di al botón para que comenzara a contar.
- Quiero saber cuanto podemos aguantar sin besarnos. – Dije y justo al acabar la frase la tenía a pocos centímetros mía.
- Quiero saber si tú eres capaz de resistirte. – Me dijo acercando su rostro al mío. - ¿Sabes qué? No te pienso besar hasta que no pase la cita doble. – Añadió, alejándose de mí y con una sonrisa divertida.
Me quedaba una larga noche por delante, cena con personas que no conocía y con la ex de mi chico. Me relajé bajando las escaleras, allí estaban, una chica rubia, un poco más baja que yo y un chico moreno, bastante más alto que Matt. Nos acercamos, la chica abrazó fuertemente a Matt y este le devolvió el abrazo. Sentía un sentimiento raro, nunca lo había sentido y mira que he vivido muchos años. Me acerqué a Matt, le cogí de la mano.
- Es mona. – Le dije al oído. El me agarró por la cintura y puso su labio a pocos centímetros de mi oído.
- No tanto como tú. – Añadió y me hizo sentir más tranquila, más segura de mi misma. Pero las miradas que Evanna le echaba a Matt me agobiaban. Después se dirigió al chico. - ¿Cómo te llamas?
- Mike. – Dijo mientras caminábamos hacia la casa de Evanna.
Matt se acercó a mí, despacio, parecía querer preguntarme algo. Me cogió de la mano, me apartó de los dos y me hizo una pregunta clave.
- ¿Por qué no puedes salir con la luz solar? Me refiero a que antes no podías y ahora si. Se supone que los vampiros no podéis salir con sol nunca. – Me dijo liándose el solo. Tenía un cacao de mente increíble y era totalmente normal.
- No sé si te habrás dado cuenta, pero yo solo he ido al colegio cuando estaba nublado. – Le dije observando su rostro pensativo.
- La verdad que no me había fijado. – Me dijo y luego añadió. – De todos modos estuviste en mi casa algunos días que hacía sol.
- Claro, si la luz no me da directamente no me pasa nada. De todos modos, siempre buscaba un momento en el que el sol se escondiera con las nubes para ir rápido a tu casa. - Los dos volvimos con Evanna y Mike. La verdad es que esta pregunta me la hubiera esperando hace tiempo. Ha tardado mucho en hacérmela. Supongo que tenía tantas cosas en la cabeza que lo más obvio no se le ocurrió.
La noche transcurrió tranquila, Evanna estaba más centrada en Mike, así que yo estaba tranquila. Pero algo en mí me decía que el día estaba yendo demasiado bien. De todos modos por Nathan estaba tranquilo, todavía conservaba la pulsera que me dio. Un ruido me alertó, pero solamente era mi móvil. Cogí la llamada, era Selena, necesitaba verme. Me acerqué a Matt, ya habíamos acabado de comer.
- Una amiga mía necesita verme. – Le dije en voz baja. – Había pensado en presentártela. – Le dije buscando una excusa para no separarme de él. No le podía ver por la mañana, daban sol para toda la semana, así que no quería perder ni un segundo de mi tiempo para verle, para tocarle, para sentirme viva de nuevo.
Matt se acercó a la pareja y les indicó que nos teníamos que ir. Todo lo demás que se dijeron lo ignoraba. Salimos por la puerta de la casa y de fondo, los dos vimos como Evanna y Mike se besaban. Entonces Matt me sonrió y dijo: “Se merece ser feliz*.
Fuimos hacia la casa de Selena, no sabía que era lo que quería, pero me arrepentía de haberme llevado a Matt. Quizás estaba en peligro.
Llegamos al portal de la gran casa, era la primera vez que me fijaba, pero era como un gran palacio. Fachada blanca, muy grande y con decoración antigua y muy llamativa. Antes de llamar, Selena salió a darnos la bienvenida. Esta se sorprendió de verle.
- ¿Es él? – Preguntó Selena con cara extrañada. No respondí con palabras, simplemente entre en su mansión y ella añadió observándolo de arriba abajo. – Es mono.
- Yo creía que preferías a las tías. – Le dije riéndome, pero completamente en serio.
- Eso no quiere decir que no te pueda dar la enhorabuena por el chico. – Añadió ella y miré a Matt que estaba flipando por nuestros comentarios.
- Bueno… ¿Qué eres eso tan importante que no podía esperar? – Le pregunté cambiando de tema.
- Me comentaste sobre una mujer que te acogió… Pues bueno, la tengo. – Dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
- ¡No me jodas! – Dije feliz. - ¿Dónde está? – Le dije ansiosa por tenerla cara a cara.
- Bueno, antes preséntame a tu chico que no sé ni su nombre. –Dijo riéndose. Tenía que aguantar las tonterías de Selena, pero la verdad era que había hecho un gran trabajo. Unas de las mejores vampiresas que jamás hayan existido, a diferencia de mí que era totalmente una inepta.
Le presenté a Matt y nos dirigimos hacia una sala, oscura. Allí estaba ella, Jane, sentada en una silla, completamente ida.
- No os preocupéis, esta rociada de mi sangre, mientras más se me mueva, más le va a quemar toda la piel. – Dijo quitándole importancia a la presencia de una vampiresa que tenía más de 300 años de existencia. – Tendré 150 años menos que ella, pero soy mucho más lista. – Añadió y me di cuenta que no necesitaba que le diera las gracias, tenía el ego por las nubes.
- Serías la pareja perfecta de Nathan, ¿Sabías? – Le dije bromeando. – Los dos os creéis superiores al resto del mundo.
- Que pena que los tíos no me pongan ni un poquito. – Dijo riéndose. – Y por cierto soy superior a vosotros. – Dijo y entonces Jane nos interrumpió con una voz floja y torpe.
- ¡No eres nadie! – En ese momento Selena se acercó rápida y muy sigilosa. La miró fijamente y de un fuerte puñetazo la dejó tirada en el suelo. Gritaba por el dolor que le provocaba tener sangre de vampiro por toda su piel.- Cállate de una vez, zorra. – Añadió Selena después del golpe que la dejó tirada en el suelo, atada a la silla. Matt estaba asustado, ponía notar como se sentía, era lo bueno de ser vampiresa y tener esta habilidad. Me acerqué a él y le dije en voz muy baja.
- Quédate fuera, ¿vale? – Le indiqué y luego añadí. – Esto puede ser muy duro para ti.
- ¿La vais a matar? – Me preguntó con cara de preocupado.
No le pude contestar, no sabía lo que íbamos a hacer, no le quería mentir. Salimos de la sala y le lleve a la sala central. No sabía ni lo que decir, me acerqué a él y lo abracé. Todo se había complicado en tan solo unas semanas.
- Estaré contigo hagas lo que hagas, ¿Lo sabes, verdad? – Me dijo sinceramente, me acarició el pelo, sus manos eran suaves. Las cogí y las coloqué en mi cadera, sujeté su rostro con mis manos y le besé.
- ¿Se puede saber que ves en mí? – Le pregunté cuando nuestros labios se separaron.
- A una gran chica, veo a mi vida. – Me dijo mirándome fijamente a los ojos. Tenía que volver con Selena, ojala me pudiera quedar con él, pero había algo que hacer y secretos que revelar.
Volví con Selena y mi madrastra, tenía una pregunta rondando mi mente, era una corazonada. Me acerqué a Jane que ya estaba bien colocada en la silla, resoplaba de dolor.
- Me dijiste que mis padres y mi hermano murieron en un ataque, durante la guerra en nuestro pueblo. – Comencé a decirle. – En realidad no murieron así, ¿verdad? – Concluí con el rostro serio y mirándola fijamente. La rabia que tenía en mi cuerpo me estaba invitando a lanzarme a romperle el cuello, pero la necesitaba con vida… Por ahora.

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