Capítulo 3
*Necesito sangre*. Pensaba cada segundo que pasaba del día, no es fácil ser alguien que no se es. Los vampiros estamos hechos para beber sangre humana y no hacerlo es la razón de nuestra perdición. Pero lo tenía que hacer por él, no le podía poner más en riesgo de lo que ya estaba y todo el peligro por el que estaba pasando era por mí. El ansia era cada vez más fuerte, no me bastaba cualquier tipo de sangre, no me satisfacían. Cada vez estaba más debilitada y así no podía luchar contra Nathan. Pero había momentos donde esto no me importaba, cuando estaba junto a Matt, no me sentía hambrienta.
Esta misma mañana la policía del gobierno venía a interrogar a los alumnos del instituto, por la muerte de Lacy. No podía ir. Me quedaba una mañana con Selena y su reserva de sangre.
- ¿Dejarás alguna vez de aparentar? – Me dijo mientras tomaba sangre.
- No puedo. – Dije secamente. Cada vez que veía esa copa, obligaba a mi cerebro a recordar a Matt, aunque no hiciera mucha falta, porque siempre le tenía en ella.
- Entonces morirás de desesperación. Eres una vampiresa, no puedes intentar ser quien no eres. – Añadió seriamente y en ese momento me arrepentí de haber aceptado ir a su casa.
- No quiero hacerle daño. No sé como reaccionará mi cuerpo si vuelvo a beber sangre de un humano.
- Es tu naturaleza, no lo podrás rechazar toda tu existencia. – Añadió. - ¿Por qué no lo hablas con él?
No respondí, bajé la mirada. Ella se levantó de la mesa y se dirigió hasta donde estaba sentada, con ella traía la copa que contenía sangre. Mi piel ardía y a la vez se palidecía, mis colmillos estaban esperando tomar de esa copa, pero tenía que resistirme, luchar contra la tentación.
- Toma. – Me dijo colocándome la copa a pocos centímetros de mi rostro… No podía soportarlo y la golpeé de forma violenta. Esta salió volando, golpeando contra la pared, estaba fuera de control.
Me levanté furiosa de la silla, el olor que había por toda la habitación me estaba volviendo loca, los colmillos me rogaban que tomara esa sangre que había derramado por la pared y el suelo, me acerqué lentamente hasta donde estaba todo el líquido, color rojo intenso. Mi cuerpo me pedía que lamiera todo la sangre y eso hice… Comencé lentamente a saborearlo, pero después, todo fue tan rápido. Estaba definitivamente fuera de control, quería más. Todo era por su culpa.
- ¿Por qué me has hecho esto? – Le dije agresivamente, agarrándola del cuello, mostrándole mis colmillos llenos de sangre. No se intentó defender.
- Anna, ¿No te das cuenta? Tú eres así. – Respondió ahogadamente. La solté y entonces ella añadió. – Esto no significa que necesites la sangre de ese chico, tú no le harás daño si no es lo que quieres.
- ¿Entonces como es que no me resistí a beber esa sangre?
- Porque deseabas hacerlo, deseabas alimentarte de la sangre de un humano, todos nosotros lo hacemos, no tienes que pretender ser otra persona para estar con él. – Dijo sinceramente y estaba en lo cierto. – Ahora cuéntame como es él.
No pude contestar a su petición, caí en otra visión, pero esta vez no me desmayé, lo hice despierto. Pude ver a Nathan en mi instituto… Estaba en la entrada, mirando con cara asesina, sediento de sangre. <> Pensé.
- Tengo que irme, te lo presentaré pronto. – Dije y desaparecí antes de que me pudiera decir nada.
¿Qué se suponía que quería provocar? Toda la policía gubernamental estaba investigando una muerte, que escondía a un vampiro asesino. ¿Qué se suponía que tenía que hacer yo? Si me exponía me podrían coger y entonces la vida de Matt estaba totalmente en peligro. Deje todos esos pensamientos atrás y me dirigí hacía el instituto.
Llegue a la puerta principal, podía oler el rastro que dejaba Nathan, ese aroma que tanto encantaban a las demás chicas pero que a mí solo me producían arcadas. Lo seguí, pero no todo iba a ser tan fácil.
- Señorita, no puedes entrar. – Me dijo una enchaquetada agente de policía. Era un poco más alta que yo, pelo corto y rubio.
- Soy alumna. – Le dije rápidamente, no tenía otra opción que identificarme, así que saqué mi autorización de entrada y se la mostré.
- Anna… Pineda, puedes pasar. – Me dijo aquella mujer con su mirada fijada en mí. El primer paso estaba dado, fui rápido hasta llegar a la esquina que cegaba a la oficial de policía, cuando girara a ese pasillo todo dependería de mí, no habría excusas.
En el momento de cruzar la esquina, escuché un leve ruido, sabía que algo grave estaba pasando, lo presentía. Corrí lo más rápido posible, siguiendo el eco de ese sonido que había escuchado. Tarde poco menos de 2 segundos. Allí se encontraban dos policías, tirados sobre el suelo, con la posición de haber sido asesinado con una rotura de cuello. Tenía miedo de ver lo que me podía encontrar al cruzar esa puerta, pero tenía que hacerlo, lo más rápido posible.
Allí los vi, Matt estaba acorralado, solamente una silla lo separaba de Nathan. Intenté hacer el menos ruido posible, me moví rápido y silenciosamente, mi corazón parecía revivir, mis nervios estaban al rojo vivo, la vida de Matt dependía de mi acción. Cuando estuve lo suficientemente cerca, me lancé al cuello de Nathan, le mordí, tragué su asquerosa sangre. El interior de mi cuerpo ardía de dolor al probar esa sangre, era casi un suicidio tomar sangre de otro vampiro, un poco más de la cuenta y en pocos minutos podría morir. Nathan, dolorido por el mordisco que le provoqué, se deshizo de mí con un rápido movimiento de sus brazos, lanzándome contra la pared. El ruido que provoqué al chocarme alertó a los policías que se acercaron rápidamente, pero ya era tarde, Nathan ya se había marchado y yo debía de salir si no quería ser acusada del asesinato, pero tenía poco tiempo, finalmente conseguí salir antes de que ellos entraran. Segundos me separaron de ser atrapada. ¿Quién iba ha resultar más peligroso, Nathan o los policías? Esta era la pregunta que más me rondaba por la cabeza.
Fuera, con la sensación de haberle salvado la vida, estaba más tranquila. No me importaba el sabor que tenía en mi boca por culpa de su sangre, ni el dolor que tenía en mi interior, estaba feliz.
Las intensas luces que me apuntaban me estaban dañando más que el propio vampiro con su fallido ataque. Me levanté dificultosamente del suelo donde Nathan me tenía acorralado hasta que Anna me salvó. Todavía podía recordar como este mató a los dos policías que estaban haciendo preguntas sin sentido, realmente fuera de lugar, no tenían ni idea de con quien se estaban enfrentando. ¿Resultado? Fueron machacados, varios segundos fueron suficientes para romperle el cuello a los dos. Dos duros chasquidos que me mostraron la realidad, no se andaba con rodeos. Recuerdo que me hizo un comentario justo antes de que Anna entrara en la habitación y me salvara. “Eres un inocente que morirá por culpa de un amor imposible”. Lo dijo sonriente y con un rostro que derramaba solvencia. ¿A qué se refería con un amor imposible? Quizás vivió algo parecido que no acabó muy bien, el amor te puede volver loco.
- ¿Estás bien, chico? – Me dijo la directora de todo el dispositivo que estaba investigando el asesinato, ahora, los asesinatos. – En estos momentos eres un héroe. – Yo no lo era, me comporté como un chico normal con mucho miedo, Anna era la heroína, pero nadie se podía enterar de ello.
- Si, estoy muy bien. No quiero que esto trascienda, no quiero ser el héroe, nunca. – Dije tajante.
-Todo el mundo lo sabe, has conseguido salvarte del ataque de ese monstruo. – Dije con cara de satisfacción.
- Yo no he conseguido nada. – Dije con violencia, quitándome de mi camino una silla que estaba tirada por los suelos. No quería sentirme como un héroe, no me estaba comportando de esa manera, así que no me lo merezco.
Salí de aquella habitación, unos de los policías me paró, quería hacerme más preguntas, ellos no habían acabado conmigo. Yo lo único que quería era llegar a mi casa y recibir la visita de Anna. ¿Tan difícil era vivir tranquilo? Con ella, si. Tenía que irme acostumbrando a esa sensación de desasosiego. Pero todo merecía la pena al verla y sentirla cerca de mí.
- ¿Crees que quiero que me acribilles a preguntas? Con todo mis respeto pero yo me voy. – Añadí dejando al policía abandonado en medio del largo pasillo.
Llegué a mi casa, allí estaba mi padre, preocupado. Lo sabía todo, pero no le dejaron ir a verme, a salvarme. Estaba preocupado, entres sus manos tenía una taza de té.
- ¡Hijo! ¿Estás bien? – Me dijo cuando entré por la puerta, recibiéndome con un fuerte abrazo.
- Si, se asustó de mí. – Le dije bromeando. Refiriéndome a Nathan.
- No te lo tomes a chiste. – Dije serio.
- En serio, ni siquiera me ha tocado, no le he podido ver bien, porque estaba en el suelo. – Dije sinceramente, pero fui mintiendo al ir avanzando mi frase. Claro que le pude ver. Un vampiro alto, pelo corto, bastante fuerte y sobretodo con un rostro que daba miedo.
- He tomado una decisión a partir de esto, Matt, nos mudamos. – Dijo serio, mirándome fijamente. – Sé que por fin as encontrado a alguien con quien compartir tu tiempo, pero es por tu bien.
- No es por mi bien, es por el tuyo. Te han quitado esta investigación y ahora quieres irte. – Añadí mosqueado y siendo bastante egoísta.
- Matt… Sabes que eso no es así. – Me dijo pero no le dejé continuar. Me levanté y me fui corriendo a mi cuarto, cerré de un portazo y me tumbe en la cama.
Todo lo que quería hacer mi padre era por mí, pero yo no quería. Ella es mi vida y por nada la voy a dejar. Estaba siendo injusto con él, pero era mi decisión y nada podrá cambiarla. Escuché un ruido y miré a todos los lados de la habitación, me asusté, pero era ella, allí estaba, justo al lado mía, tumbada en la cama.
- Gracias por salvarme esta mañana. – Le dije sinceramente, tenía tanto en mente, pero solo se me ocurría decirle eso.
- ¿De verdad me lo tienes que decir? Sabes que lo haría cuantas veces hiciera falta. – Me dijo guiñándome un ojo y se levantó de la cama, pero yo no se lo permití.
- Espera, tengo que contarte algo importante. – Dije, la puse en tensión y luego añadí. – Mi padre quiere irse del pueblo después de lo que ha pasado.
No me respondió, simplemente se limitó a agarrarme mis manos con fuerzas, se acercó a mi rostro para susurrarme algo en el oído. “Quiero vivir el presente contigo”. Nuestros labios estaban a centímetros, se rozaban, jugábamos, hasta que se unieron como si de uno solo se tratase, su labio era suave, por momentos se transformaban en rugosos, pero solo cuando estaba hambrienta, con ganas de sangre, se acababa controlando y volvía su labio dulce. No me importaba lo pálida que estuviera, ni siquiera que su piel se agrietara como si de un muerto se tratara, solo quería sentirme cerca de ella.
Por un momento olvidé todo lo que estaba ocurriendo a mi alrededor, solo podía pensar en la chica a la que estaba besando, a esa que sentía tan cerca mía, con la que estaba conectado. Mientras seguíamos besándonos, me coloqué encima suya, besándola cada vez con más intensidad. En ese momento su rostro se transformó en el de vampiresa, me besaba con mucha intensidad, sus manos recorrían todo mi cuerpo, desde mi cuello hasta sitios imaginables. Sus caricias eran dulces pero en ocasiones llegaban a ser violentas, norma, era una vampiresa. En un último acto impulsivo, paró de besarme.
- No pares. – Le dije besándola fugazmente. Mi labio atrapó el suyo por unos segundos.
- No quiero lastimarte. – Añadió apartándose centímetro a centímetro de mí. No me gustaba la sensación de sentirla alejarse.
- Me lastimas con cada segundo que no estas besándome. – Le dije acercándola poco a poco, sujetándola por la cadera. – Eres mi obsesión, ¿sabes?
- Tú eres mi debilidad. – Añadió a mis palabras, volviéndome a besar, con intensidad, con pasión. Podía notar sus colmillos cuando nos besábamos, no parecían peligrosos, dóciles. Ella los podía controlar, era maravilloso.
Su labio no dejaba de besarme y el mío hacia lo propio, todo estaba siendo lo mejor que jamás había vivido junto a nadie, pero no podía dar el siguiente paso, porque no se hasta donde puede llegar la situación. El acto sexual de un vampiro no es como el de los humanos. Nunca lo he consumido, pero sé como es y por ahora, no entra en mis planes.
Matt dejó de besarme, bajando su labio por mi cuello, mordiéndolo en algunos momentos, haciéndome sentir privilegiada otra vez, mostrándome que era lo que se sentía cuando esa parte de mi cuerpo era mordida. La situación no podía ser más excitante, pero tenía que parar, si no podría ser empeorar y todo esto dejaría de ser tan mágico.
- Matt, ¡para! – Le dije susurrando y de forma dulce. – Esto va demasiado rápido.
- Eres una vampiresa… ¿De verdad va demasiado rápido para ti? – Me dijo con una voz burlona, su rostro de intentó acercar aún más a mí, pero yo me aparté un poco más.
- Es demasiado rápido para ti. – Añadí. – El sexo de los vampiros no se limita a lo que podéis hacer vosotros. Es mucho mas violento.
- Si no quieres nada conmigo, simplemente dímelo. – Dijo resentido y no pensaba responderle a eso, me limite a besarlo una vez más y mucho más intensamente.
- Todo a su debido tiempo, Matt. – Le dije al acabar el intenso beso. Los dos nos quedamos recostados sobre la cama, observé su rostro, no era lo más bello del mundo, pero para mí era el mejor. Me miró, nuestras miradas se cruzaron y su mano sujetó la mía. Quería ser parte de su vida para siempre.

0 comentarios:
Publicar un comentario