Capítulo 2
Estaba hambrienta, el cuerpo me pedía sangre. Pero allí estaba junto al cuerpo dormido de Matt, tenía que hacer algo. Así que decidí dejar la habitación donde dormía él y me fui de caza, de animales por supuesto. Si encontraba algún animal para echarme a la boca estaría de suerte, pero todo es más fácil cuando tienes la habilidad de correr súper rápido. Mientras corría por los rincones de aquella montaña buscando algo que hincarles mis colmillos sentía que algo me estaba siguiendo, y ese algo tendría que ser realmente rápido para hacerlo. Intentaba no prestarle atención a esa impresión que me daba el bosque, ¿Por qué si no eran mis imaginaciones quién me estaría siguiendo? Estaba detrás de un inmenso jabalí, todo era muy raro, ¿jabalíes por esta zona? Nunca lo había visto. Me impulsé y le hinqué los colmillos con todas mis ganas, por fin sentía saciadas mis ansias. Pero no todo era mi imaginación, alguien me había seguido.
- Veo que has aprendido a cazar. – Dijo una voz seductora que no podía ser otra que la del estúpido Nathan.
- ¿Qué haces tú por aquí?
- Divertirme, todavía me queda algo que hacer por aquí. – Dijo con su siempre arrogante sonrisa.
- Ilústrame. – Le dije despectivamente.
- Pienso joderte la vida, bueno la muerte… - Rió y continuó hablando. – Quiero verte sufrir, minuto a minuto, gota por gota de aquellas personas a las que quieres. Pienso matarlas a todas y luego cuando me supliques que te mate, lo haré, lentamente, para que sientas el dolor en tu piel.
- Eres patético… - Le dije con todo el asco que tenía guardado expresamente para él.
- Recuerdo alguien más patético… Hace muchos años desde que la maté, recuerdo como me suplicaba, ¡ya! Muriel, ¿Así se llamaba? – Me dijo con una sonrisa en sus labios.
-¡Maldito hijo de puta…! – Me moví rápido para pegarle un puñetazo que lo lanzo a varios metros de distancia, chocando finalmente con un árbol. Mis ojos derramaban lágrimas al recordar la muerte de mi amiga, estaba presente cuando todo ocurrió. Todo pensamiento de diluyó cuando Nathan se levantó y se lanzó contra mí. Me devolvió el puñetazo, pero no se quedó en eso, con una patada me arrodilló delante de él, indefensa a pesar de ser un vampiro, no me podía defender, el es mucho más poderoso y sobretodo estaba mucho mejor alimentado que yo. Me miraba fijamente, arrodillada desde la superficie, no podía hacer otra cosa más que mirar hacía aquel húmedo suelo.
- Ilusa, ¿Te crees que puedes conmigo? – Preguntó irónicamente. – Te mataría aquí mismo, pero eso no me divertiría tanto como matarte poco a poco. – Continuó tocándome el pelo, sucio por la sangre que salía de mi cabeza.
- ¡Vete a la mierda! – Tras pronunciar esas palabras me levantó cogida por el cuello, quedé cara a cara con él. Simplemente intentaba picarle, quería que me matara, sabía que si no lo hacia, iba a ir a por Matt y eso no me lo perdonaría en mi vida. No decía ni una palabra, se limitaba a tenerme en la altura. Me di cuenta que no había cambiado ni un poquito desde la última vez que lo vi. Pelo corto, moreno y sumamente poderoso. Me intentó intimidar con sus grandes colmillos, eran más grandes que los míos, pero contra mí no lo podía utilizar, los vampiros odiamos las sangres de nuestra especie. De repente, me soltó sobre la hierba, me miró intimidándome, me tiró algo al cuerpo, era una pulsera, no dijo nada, simplemente me la dio y después de eso… Desapareció. No sabía que significaba, pero algo tenía claro, todo ocurre por una razón y Nathan no me lo habría dado en vano, simplemente tenía que dejar pasar el tiempo. Ahora tenía algo que hacer.
Me dirigí a casa de Matt, era de madrugada, lo tenía que despertar, tenía que ayudarle. Si no lo hacía, moriría en poco tiempo y eso no lo puedo permitir.
- Matt, despierta, ¡Matt! – Dije susurrando, se levantó a los pocos segundos desconcertado. – Tengo que hablar contigo. – Me apresuré a decirle.
- ¿Y no te podías haber esperado 3 horas? Me muero de sueño…
- Te vas a morir si no me prestas atención. – Le dije mostrándome seria.
- ¿De qué estás hablando? – Dijo con la voz menos dormida.
- No podemos seguir viéndonos, lo siento… Si seguimos en contacto morirás, por esta razón tienes que desaparecer, lo antes posible. – El reflejo de su cara lo decía todo, no entendía nada.
- Vale, cálmate, empecemos por el principio… ¿Quién nos quiere matar?
- Su nombre es Nathan, me odia, quiere hacerme sufrir, ha vuelto para matarme, pero antes matará a todos los que estén cerca de mí. Por eso quiero que te vallas lejos de mí, mientras más, mejor. – Le dije sinceramente.
- Vale, no me voy a ir, pase lo que pase, voy a estar contigo.
- ¿No me entiendes? ¡Quiero que te vayas! – Le grité y al mismo tiempo le decía la mayor mentira que jamás conté en mi vida.
- Me voy contigo o me quedo aquí contigo, ¿Qué prefieres? – Me dijo dejándome arrinconada entre la espalda y la pared, elegir lo que de verdad quería o simplemente elegir por el bien de su seguridad.
- Sabía que no ibas a querer… Bueno seguimos juntos, pero hay algo que debes hacer. Cógelo. – Le indiqué, entregándole un frasco con mi propia sangre.
- ¿Qué es? – Me preguntó al coger el frasco.
- Bueno, esto contiene mi sangre, tiene muchos años. Quiero que si Nathan te pone en peligro, te la tomes, solo si te tiene acorralado. – Le dije sin mirarle, simplemente observaba el frasco.
- ¿Qué me provocará?
- Asco, si te refieres a los que son como yo, pues hará que no nos podamos acercar a ti, ni tocar, ni dañar, estarás a salvo. Ningún vampiro se acercará a ti en mínimo 2 años. – Dije dolorida.
- Tomáis sangre a diario, ¿Por qué esta sangre? ¿Qué tiene de especial?
- Todos nosotros en el proceso de conversión, al principio, expulsamos sangre por la boca, es la reacción de nuestro cuerpo. Esta es completamente venenosa para nosotros, nos quema tanto por dentro como por fuera. – Dije, me pausé mirándolo fijamente y luego continué. – Estarás a salvo de Nathan.
- Tú tampoco podrás acercarte a mí. – Me dijo sujetándome las manos con ternura y aprecio, realmente no se merecía que todo esto le estuviera pasando.
- Pero tú no morirás, es un precio que debo pagar. – Aparté la mirada de él, no lo podía soportar. Sus manos no me soltaban.
- Moriré si te pierdo. – Esas palabras fueron las más sinceras que jamás halla escuchado.
- Solo te pido que te la tomes, no me lo hagas más difícil. – Le dije soltándome de sus manos.
- Vale, lo haré. – Me mintió, pero ¿Quién era yo para discutirle si era verdad o no?, se estaba jugando la vida por mí.
Matt sujetaba el pequeño frasco, lo hacía con delicadeza. Algo en mi estaba ocurriendo, me empezó a doler la cabeza. De fondo oí algo que me dijo, pero parecía como si sus palabras sonaran desde otra habitación… Estábamos en la misma.
- De todos modos esta es mi última opción. – Dijo y en ese momento mi cuerpo cayó desmayado, pero mi mente estaba despierta, como si de un sueño se tratase.
Un resplandor dio paso a una visión, extraña. En ella aparecía Nathan, delante de una chica rubia, delgada, se trataba de Lacy. Esa chica fue la única que no me dio la espalda cuando llegué. ¿Una coincidencia que estuviera viendo esto o no?
Nathan se acercó a ella, todavía no había mostrado sus colmillos. Ella sonreía, ilusa, no sabía lo que se le iba a venir encima. De repente el cuerpo de Nathan convulsionó, sus colmillos pedían sangre y el cuello de la chica iba a ser todo su alimento, era su primera victima en el pueblo. Sus dientes mordieron la yugular de la chica, la dejó seca en apenas unos segundos. En ese momento Nathan se dirigió a mí, sabía que lo estaba viendo y entonces caí en lo lógico… ¡La pulsera!
- Quería que lo vieras, esta es la primera. Todas las personas que conozcas morirán. Te lo prometo. – Dijo con una sonrisa diabólica y en ese momento volví en sí.
Estaba inconciente, llevaba unos minutos así, no sabía que hacer. Su corazón no latía, me asusté, pero luego pensé lo obvio, esta muerta, no puede latir. Pero volvió, se despertó y volví a la tranquilidad de verla conmigo, pero se la notaba cansada.
- ¿Estás bien? – Me apresuré a preguntarle.
- Si, ha empezado… No hay vuelta atrás. – Me dijo trastabilladamente.
- Calma, descansa… - Le dije acariciándole el pelo.
- No necesito descansar, soy un vampiro. – Me dijo con el mayor ego del mundo.
- No necesitas dormir, pero descansar si. – Le dije observándola fijamente, convenciéndola con la mirada. – Venga, tendrás tiempo para contarme lo que ha pasado.
- Ha muerto Lacy… - Dijo antes de echarse sobre mi regazo y cerrar sus ojos.
No dije nada, me quedé en silencio, quería que descansara. Lacy, esa chica fue con la única que vi hablar a Anna. No podía dormir, me quedé echado, sin despertarla, pasaron las horas y alguien llamó a mi cuarto, era mi padre que entró en ella.
- Hijo, tengo algo que contarte. – Dijo y su cara de tristeza que traía se cambió por la de perplejidad. No sabía cual era peor. Anna estaba sobre mi cuerpo, todo parecía lo que no era. – Vale… No quiero despertarla. ¿Podemos hablar fuera?
No le contesté. Intenté dejar a Anna sobre la cama, sin despertarla, con el máximo cuidado posible. Finalmente salí por la puerta echando un último vistazo para comprobar que no se había despertado. Mi padre se sentó en el sofá y me invitó a que hiciera lo mismo. La verdad que no me podía imaginar a mi padre dándome la charla sobre sexo.
- Matt ha ocurrido algo. – Dijo y me alivié al saber que no tenía que ver conmigo. – Ha habido otro asesinato esta noche, hace unas 3 horas, una chica ha muerto. Estaba en tu instituto, se llamaba… Lacy...
- Lacy Albert. – Le dije contundentemente.
- Ha muerto por una herida que le ha provocado perder toda la sangre de su cuerpo, absolutamente vacía por dentro. – Me dijo con una mirada que transmitía miedo. – Nos estamos enfrentando a algo monstruoso, ya van dos muertes. – En verdad solo era una, esta vez Anna tiene una cuartada perfecta.
- ¿Qué vais ha hacer?
- El gobierno se va a encargar de esto. – Dijo levantándose del asiento y dirigiéndose a un armario que nunca antes había visto abierto. De ella sacó una pistola, se acercó a mí y me la entregó. – Quiero que la utilices si ese monstruo intenta hacerte algo.
- Nunca he utilizado una.
- Solo presiona el gatillo, es simple. – Me dijo y continuó hablándome mientras observaba su propia pistola que sostenía sobre sus manos. – Unos agentes del gobierno van a poner el pueblo pata arriba para encontrar al… vampiro.
No pude decir nada, cada vez estaba todo más complicado. Anna se tenía que enfrentar a su hermanastro loco y ahora también a unos agentes que no dudaran en clavarle una estaca. No tenía nada más que hablar con mi padre, así que comencé a subir las escaleras, pero me dijo algo antes de que acabara de subirlas.
- Parece buena chica. – Me dijo con una sonrisa, desde que mi madre murió hace 2 años, nunca había tenido una chica tan especial como Anna y nunca había sido feliz, mi padre realmente se alegraba por mí. – No le hagas daño. – Me dijo sinceramente, lo que no sabía es que era ella quien me podía dañar, no yo.
Llegué a mi habitación, entré y me coloqué al lado suya, no podía dejar de pensar en todo lo que se nos estaba echando encima. Pero nada de lo que me estaba pasando evitaba que quisiera estar cerca suya, que quisiera compartir mi vida con ella y quien sabe si algún día…
- Matt… Tengo que contarte que pasó en el bosque. – Me dijo cortándome todos los pensamientos que circulaban por mi mente. – Nathan me atacó, me machacó. Yo no tengo posibilidades en una lucha contra él.
- Recuerda algo, ahora somos un equipo. – Añadí sinceramente, pero me contestó con algo más sincero todavía.
- Si, un humano y una vampiresa torpe con una fuerza cien veces inferior a la suya. – Sus palabras fueron un jarro de agua fría para mis ilusiones de poder ganarle la partida.
- Vale, entonces ¿Nos rendimos? ¿Dejamos que nos mate? ¿Así de fácil? – La atosigué a preguntas, necesitaba picarla, que despertara de esa pesadilla de pesimismo.
- Es muy poderoso. – Concluyó, pero no me iba a dar por vencido.
- No lo es todo… El tendrá muchos poderes, pero nosotros tenemos esperanza y nos tenemos los dos, él no tiene a nadie. – Mis palabras sonaron positivas. ¿Desde cuando era positivo?
Calló, no dijo más nada… Me cogió de la mano y pronunció unas palabras que me dejaron mas helado que su propia piel.
- Soy muy privilegiada por haberte encontrado. Como te pase algo por mi culpa…
- ¿Y yo no soy privilegiado? He encontrado la razón por la que vivir. – Dije acercándome a su rostro. – Todo va a salir bien, ¿vale? – Le susurré al oído. Siempre es bueno decir que “todo va a salir bien”. Aunque eso significara luchar por conseguir una misión imposible.
La abracé con fuerza, todo lo que quería sentir era esa conexión que tanto deseaba tener junto a ella. Ese sentimiento que cada vez era más fuerte en mi corazón y ¿Por qué no? En el suyo también. Yo no pienso que el corazón de los vampiros esté muerto.
- Realmente, creo que estás controlando la situación. – Le dije cuando nuestro abrazo concluyó y pude ver su rostro.
- ¿A qué te refieres?
- Ya no te pones ansiosa… Los colmillos lo tienes a buen recaudo. – Le dije bromeando aunque todo fuera una realidad. – Y debo reconocer que me gustaba ese rostro tuyo. – Me atreví a decirle.
En ese momento soltó una sonrisa y pude ver como su rostro cambiaba totalmente, sus verdes ojos brillaban, su palidez se acrecentaba de una manera increíble, las marcas de sus venas sin sangre en el cuello y por supuesto aquellos colmillos maravillosos que tanto peligro conllevaban pero que tanto me gustaban. Me acerqué más, mi cuello estaba a centímetros de su mandíbula, se resistía, me alegraba de ello, pero había algo en mí que quería que me mordiera, que tomara de mi sangre, en definitiva que me llevara con ella… A su mundo.
Se relajó, bajó la mirada y cuando la volvió a subir, hasta coincidir con la mía, aquel rostro ansioso de sangre había desaparecido.
- Lo controlo realmente bien contigo. – Me dijo con una feliz voz. – Aunque eso no quiere decir que no sea una vampiresa. – Dijo y de un salto salió por la ventana. De vuelta a su mundo del que algún día me gustaría formar parte.
Cuando ella no estaba, notaba como algo me faltaba, ese aire en mis pulmones, ese dolor en mi estomago, los latidos de mi corazón eran muy lentos cuando ella no estaba cerca y muy rápidos cuando podía observar su bello rostro pálido. Me estaba enamorando de una vampiresa, podía ser el mayor error de mi vida o el mayor acierto de mi historia. ¿Qué podía hacer yo al respecto? Esperar.
El sol se estaba escondiendo para darle a la luna la oportunidad de aparecer, todo seguía el curso del destino. Esperando en lo alto de una roca que daba paso a un gran acantilado, esperaba una visita. Las olas impactaban violentamente contra el acantilado, no sentía miedo, añoro ese sentimiento, apenas recuerdo como es sentirlo.
Ahí llegó, mi gran ayuda, se creía Nathan que me iba a quedar con los brazos cruzados hasta que me matase o peor que lo matase a él.
- Hola, Selena. – Le dije a una chica con un largo pelo castaño, aparentaba ser una chica popular, pija, simple, pero detrás de esa faceta se encontraba la mayor vampiresa que jamás halla residido sobre la faz de la tierra.
- Encantada de conocerte Anna. Creo que tienes mucho que contarme. – Me dijo con ganas de saber a lo que se enfrentaba, en realidad los dos estaban hechos el uno por el otro. El había movido ficha con la muerte de Lacy, ahora yo he movido mi ficha, *Es tu turno, Nathan* Pensé.

1 comentarios:
me estoy enganchando a esta nove *-*
espero que la sigas pronto!
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